29 de julio de 2011

no hay nada más triste que un fado, me dijo el brasileño.
me di cuenta entonces de lo que me había estado haciendo hace días
de aquel hechizo hipnótico de la tristeza. mediante la comida
quizás, o en el agua que bebía. de alguna manera
aquel
tipo
de acento raro y muchas ch en la boca
logró amarrar el nudo sellar la tapa encerrar los fantasmas
se fueron todos
del frasco
donde quedamos el hechizo, la casa y yo.

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