17 de enero de 2012

XII

Querida x:
Me levanté ayer mejor y con destinos: Póvoa de Varzim y Vila do Conde, dos pueblos al norte de Oporto. Salí tranquila porque se llega en metro y no es difícil.  Primero voy a Viena, que es más lejos. No hay mucho que contar, salvo el mar. Lo encontre pronto y no pude evitar qedarme en la playa un rato largo. Había sol y la playa vacía era un espectáculo. El mar parece perder y ganar en el invierno. Pierde, quizás, la diversión; gana, en cantidad, mistério y belleza.
Paso un tiempo largo hasta que junté pilas para seguir. Tenía apuntado ir a conocer un viejo barco hospital, no lo encontre. De vuelta a la estación, caminando por una calle comercial del barrio antiguo (son muy parecidos los de todos los pueblos: calles de adoquines chiquitos, veredas ínfimas, edifícios chatos y coloridos), escuché tango. Por unos parlantes que recorrían y muscalizaban toda la ciudad estaban pasando tango. Me detuve un minuto para no equivocarme, era cierto. También es cierto que encontre muchos cartels pegados por la calle com fotos de gente muerta. Los familiares anuncian el fallecimiento e invitan a todo el mundo al funeral.
Viena do Castelo vino después. Bajeédel tren y encaré para el lado equivocado (o no). Tres casas y pronto el barro, la vieja gritano por la ventana, las ovejas, la montania al fondo y la cruz de la iglesia que se veía a lo lejos. Com tiempo llegué al lado correcto: la ciudad vacía. Parques impeables, com el pasto corto y las rsas en flor. Y yo. Una enorme muralla medieval que atraviesa la ciudad entera. Y yo. Recorri el pueblo, las calles, miré los decorados horribles en los negocios y después encontré un monumento a la mujer rendilheira (las mujeres hacen un bordado que es típico e esta zona de Portugal y muy bonito).
Me meti, finalmente, en un bar, muerta de hambre. Empece a pedir y pedir, sin darme cuenta: pan de ajo, sanguche de pollo, papas fritas. A los cinco minutos tenía la mesa tapada de comida. Me llevé las sobras.
Tuve que pedir instrucciones para volver al ren. Había caminado tanto y sin rumbo que ya no tenía idea de nada. Me llevé mis sobras y caminé las 

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