21 de enero de 2012

XVI

I´m in love with this modern world
X:
-Soy Heléna, me había dicho la chica del hostal –después descubriría que es la dueña. Helena siempre me hace acordar a dos cosas: a la mujer más linda del mundo, la excusa para los libros de Homero y a la primera amiga que me hice en la vida, quizás también la mujer más linda del mundo.
La mañana que siguió al culebrón taiwanés consistió de un rico desayuno seguido de charlas en la sala con Helena y Yuyu. La mamá de Helena hace mermeladas caseras, de tomate y de pera, para los huéspedes. Afuera hay sol y a través de la ventana se ven los techos rojos de la ciudad nueva. Al rato llegan los de la tele: dos tipos simpáticos con unas cámaras que parecen ovnis. Nos hacen un par de preguntas, Yuyu contesta bien, yo sólo digo boludeces.
Es una de las primeras y únicas veces en el viaje en que tengo el día perfectamente planeado. Me planteo un gran desafío: llegar, primero, al mercado de Barcelos (el más grande de esta zona, sólo se arma los jueves durante el día), al norte de Braga; segundo a Guimaraes, ciudad al sur. Sé que Yuyu está yéndose a la tarde, entonces me despido como corresponde. Pronto nos veremos en Taiwán.
Llego al mercado de Barcelos casi de casualidad: lo veo por la ventana del micro y me arrojo volando a la calle. No voy a comprar nada; ya no tengo lugar en el bolso y no vine al este viaje de compras. Una nena de quizás siete años me vende unas medias negras a un euro. Caigo más profundo en la trampa y a los cinco minutos estoy comprando más medias, bombachas, joggings truchos de adidas entre hombres que anuncian sus productos por megáfono, mujeres tras mostradores llenos de jaulas con gallinas hacinadas dentro, gitanas pesadas y caras de sorpresa de pescados muertos.
Me da hambre y decido entrar a algún lado a comer. Es un restaurante grande, más caro de lo que quisiera y lleno de gente. No quiero comer más sanguches pero acá todo tiene pescando. Elijo un planto del sector “para criancas”: bifecitos con papas fritas. Una vez más, pido postre: helado de chocolate. Un poco me siento, de a ratos, cuando me siento metida en un mundo de grandes, de cosas adultas, y me siento pequeña, un tanto ridícula y poco adaptada a los gestos serios; siento, también, que todos se dan cuenta y comparten la sensación de que sólo sé la mímica conmigo.
Me atraganto viendo las noticias mientras como: Haití, Afganistan, Alemania.
He sido irresponsable y a veces he culpado a los demás.
Voy a la parada del micro que me devuelve a Braga y le pregunto a dos viejas que esperan ahí con sus bolsas. Tienen bigotes y les faltan algunos dientes. Me dicen que esperan lo mismo y que me quede con ellas. Es un largo rato y pienso en mi abuela, en la historia del saquito, y empiezan a sucederse en mi cabeza imágenes azarosas de ternura: una amiga que me hace un calendario, un chico que me quiere pasear en bici, el gato que me busca los mimos (…) Pienso en unirme a la cruz roja. Ya no quiero tener hijos.
Llego a Braga y, como el micro a Guimaraes no sale hasta dentro de media hora, decido volver al hostal a dejar mis bolsas de compras. Me sorprende encontrarla a Yuyu todavía ahí, esperando para irse. Me invita a merendar y decido patear un poco el viaje. Nos sentamos y trae paquetes de pasteles de Belem y alfajores. Yuyu es lo más.
Nos distraemos charlando de nuevo con Helena y termino saliendo corriendo a tomar el micro. Me vuelvo a despedir de Yuyu, sólo hasta luego.
Guimaraes es hermoso y me encuentra cansada. Doy vueltas, saco fotos, ya estoy mareada. Encuentro más casas vacías con ventanas sin techo, que dan al cielo. Entro en un súper y compro queso brie y jamón crudo: ya era hora.
El viaje de vuelta me significó una gran siesta que terminó con un pre infarto al levantarme y darme cuenta de que me había pasado. Me bajé el cualquier lado, pregunté, me volvieron a subir al micro y cuarenta minutos más tarde estaba de vuelta en el hostal. Tengo que dejar de dormir así en los transportes.
Ahora sí que ya no está la mochila de Yuyu en la habitación. Helena me invita a tomar algo con sus amigos después de cenar y acepto. Mientras, dos brasileñas que están en el hostal me invitan a ir el domingo con ellas a Coímbra en un auto que alquilaron. Tengo que pensar: este finde me encuentro con las yanquis en Santiago.
Me siento un rato tranquila y me dedico a prepararme la cena. Antes de lo imprevisto, aparecen Helena y Paulo que vienen a buscarme para salir. Me calzo las botas y
¡adiós!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Querida Dani:

Si te sirve de consuelo helena durmió todo su rapto hasta troya.


Una tal X