Día 24
Vuelta del parque hasta Ulan Bator. Vamos al palacio de un Khan, muchos vestidos enormes y animales embalsamados. Nos llevan de compras y finalmente puedo conectarme un rato y leer mails. Encuentro una librería que tiene libros en inglés y me compro una compilación de los “mejores 100 cuentos”que resultó ser en realidad de los peores 100 cuentos, pero eso queda para más adelante. Este fue el día en que empecé a reirme abiertamente de los pedidos de auxilio de las gerontas, no pude aguantarme y tuve que empezar a repetir tras ellas “oye, me estoy orinandoo”.
Tengo sed y no conseguí agua. Vamos al teatro a ver una obra de folklore mongol. Vladis viene a buscarme a mi asiento y me trae un agua. Creo que lo amo. En la obra hay contorsionistas, tipos que cantan con dos voces, muchos instrumentos de cuerda orientales y, para terminar, una orquesta que cierra con We are the champions. Lo filmo para mostrárselo a Miss Lucas.
Duermo en un hotel que se llama “Ulan Bator Palaca” y tiene el slogan: “be a king in the palace”. Creo que es el lugar más triste en el que estube. En el comedor, un grupo de chinos engalanados intentan, contra su naturaleza, un festejo. La decoración es abundante en rosa y brillo. Bajando por la escalera, me encuentro con tres tipos pidiéndole prostitutas a un empleado. Mi habitación es linda y tiene vista a una construcción. Los brasileños van a salir, me invitan, paso. Me quedo boludeando en el hotel y al rato vuelve Pedro perdió si tarjeta de crédito en el bar. Mañana nos levantamos tempranísimo para tomar el tren y no me puedo dormir.
Día 25
Adios a Ijma y al palacio, de vuelta al tren. Desayunamos en el hotel y mando una postal a Serbia como había prometido. Creo que nunca llegó ni llegará.
El cuarto tren
El paisaje cambia y ahora por la ventana vemos el desierto de Gobi día y noche. No es un desierto de arena, sino más bien una llanura inmensa. El tren va lentamente virando hacia lo oriental. En el restaurant sólo sirven comida china y, unos pocos minutos después de haberte sentado, la moza te informa que “no water” y luego un hombre la sigue gritando “Passport, passport”, lo que significa que se nos acabó el tiempo para comer, que viene el próximo grupo y tenemos que rajar. A algunos les toca postre, a muchos no, es mera cuestión de suerte.
Por la noche me aventuro al vagón comedor, solo para encontrarme al mexicano sentado en medio de un grupo de rusos enormes, aparentemente en aprietos. Un vaso lleno de vodka descansa en la mesa frente a él. Y el mexicano niega con la cabeza y los rusos lo golpean en la espalda. El mexicano se levanta de la mesa, se excusa con la manos y casi corre fuera del vagón. Los rusos, entretanto, lo despedían a los gritos: “¡Albertaaa! ¡ALBERTAAA!”. Alberto no había querido tomar más vodka.
Los chinos no se muestran tan amigables como los mongoles. El tren para por un rato y, de improviso, unos perros sueltos y aterradores empiezan a recorrer nuestras pequeñas habitaciones en busca de cualquier cosa remotamente ilegal. Temo por mi vida. Una mujer policia recorre los pasillos recopilando los pasaportes y cuando llega a por los nuestros, me ordena que baje desde mi cama para darle el pasaporte en la mano ¡Me ordena!
Me acuerdo de la mañana en que fui a buscar mi visa a la embajada china, ¡hace ya tanto tiempo!
A la entrada de China, el tren tiene que hacer una larga parada para cambiarse las ruedas, porque las trochas son más aplias de ahí en adelante. Todos los pegamos a la ventana a ver qué es lo que pasa. Los vagones se separan, con unos golpes tremendos y unos ruidos que emulan la explosión final del planeta. Nos movemos abruptamente para todos lados durante un buen rato. Después, los vagones se elevan a casi dos metros, una maquina saca la fila de ruedas viejas y mete una fila de ruedas nuevas, el tren baja, los vagones se acoplan, ya pasaron como cuatro horas y seguimos camino China adentro.
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7 de noviembre de 2012
24 de octubre de 2012
día 22
Llega el tren a Ulán Bator. Qué dificil explicar la emoción de la llegada: se ven los edificios altos, las casas, las construcciones abandonadas por la mitad y las carpas blancas. ¿Esas son yurtas? Sí ¿Pero en el medio de la ciudad? Sí. Sí: en los edificios en construcción, en los patios de las casas, en el medio de la calle, en un descampado y en una plaza. Hay miles de yurtas en la capital de Mongolia, algo que nadie se esperaba. Así que esto es Ulán Bator. De nuevo todo el circo de las gerontas para bajar del tren y ya me deja de dar bronca para empezar a darme mucha risa. Contrato un tour que me va a llevar al interior a dormir en una yurta. Lo primero que hacen es ofrecerme un desayuno suntuoso y entonces: ¿quiere darse una ducha? ¡claro! Y sigo el camino indicado para encontrarme con la sorpresa de una "ducha compartida". Básicamente hay que ponerse en bolas en unos lockers, a excepcion de una especie de bombacha bolsuda de papel que te dan, y entrar a un predio del que sale agua del techo y no hay paredes ni separadores ni cortinas y sólo mujeres en bolas bañándose por todos lados. Dudo pero termino por aventurarme presa de un ataque de risa. Las chinas y mongolas andan en bolas muy tranquilas. Yo me siento un romano o un jugador de basquet yanqui o no sé. Pasa y desayuno. Paseamos por la Plaza Sukhbaatar y puedo aprender algunas cosas sobre Mongolia, país cuya historia desconozco absolutamente. Esta es la plaza mas importante de Mongolia, acá está el parlamento y acá fue donde se proclamo la independencia de China. La Revolución en Mongolia fue en Julio de 1921 y Sukhbaatar fue un héroe de la revolución . La historia es parecida a la de todos los lugares de por acá: imperio enorme, república, comunismo. La bandera tiene el signo del ying y el yang. En la plaza hay una estatua grande de uno de los últimos y más fuertes emperadores, Gengis Khan. Aprovecho que hay un correo cerca para mandar algunas postales. El tour incluye visitas a algunos templos budistas. Es la primera vez que visito un país budista y me asombro mucho. El budismo de estos lugares está repleto de supersticiones, en Mongolia se mezcla mucho con el chamanismo, que es la antigua religión de la zona. Las entradas a los templos siempre tienen un escalón alto porque creen que evita que entren los malos espiritus que son bajitos. Las entradas están también decoradas con figuras monstruosas y guerreros con caras de locos y los ojos muy abiertos, nos cuentan que eso es también para espantar a los malos espiritus. Y después, por dentro, todo está lleno de tanta cosa, tanto significado, que es imposible seguir el ritmo. Cada color significa algo, cada pose, casa esquina, cada animal. Pero básicamente se mezcla la adoración a la naturaleza y a Buda, creen en la reencarnación. Hay unos cilindros que giran y la guia dice que son para pedir deseos. Yo creo que no tiene mucho sentido y tenía entendido además que los budistas justamente buscan deshacerse del deseo, pero en fin, me resigno a no entender bien. La ciudad es muy curiosa, hay muchísimas infinitas construcciones. Muchas están paradas por falta de fondos, es un problema muy grave en Ulan Bator y ahora está prohibido empezar nuevas construcciones. En invierno hace tanto frio que no se construye, entonces cuando hace calor se trabaja día y noche. La guia nos cuenta que cada mongol tiene derecho a un pedazo de tierra desde el nacimiento, entonces por eso se usa mucho vivir en yurtas. Una yurta promedio vale mil dolares, cuando una pareja se casa, les regalan una. Y los espacios que cada uno tiene para armar la suya van cambiando con los años, así uno puede moverse. Dice que los jóvenes ahora no tienen muchas ganas de vivir en carpas, pero la mayoría de los abuelos siguen viviendo ahí, y eso es lo que pasa con las carpas que ví en los patios de las casas. Es impactante. Los mongoles son gente realmente hermosa. Los tipos son altos y grandes y tienen la piel medio oscura y rasgos orientales. Historicamente tienen fama de ser guerreros brutales e imbatibles y grandes jinetes, todo el mundo les tuvo miedo, especialmente los chinos. A la guia le gusta bailar salsa y en el micro pone Juan Luis Guerra. Vamos al Museo de Historia Nacional. Mongolia desde el día cero, hay un pasillo con muestras de los trajes de todas las etnias del país, que son muchísimas, incluídos los manchures. Finalmente salimos para el Parque Nacional Terelj, donde están las yurtas. El paisaje es precioso, muchas estepas y pasto verde, piedras enormes y yak; el camino es terrible y el colectivo se mueve como loco. Se me ocurre decirle al colectivero: "samba" y los próximos tres días, cada vez que me ve, se rie y me repite: samba. Me toca dormir en mi yurta con mi nueva amiga mongola, Ijma. La yurta es una carpa redonda, grande y blanca por fuera. Por dentro tiene una estufa a leña en el medio y las camas a los costados. Cenamos, tomamos vodka, cargamos las linternas y nos vamos con Ijma y dos brasileños a subir una montaña. Llegamos a mitad de camino, todos semi vivos y nos sentamos un rato a escuchar Michél Teló, la única música que la mongola tiene en su celular. Me quiero tirar cuesta abajo. Volvemos, la estufa está encendida y me acuesto a dormir con un silencio que no siento hace muchos días.
Llega el tren a Ulán Bator. Qué dificil explicar la emoción de la llegada: se ven los edificios altos, las casas, las construcciones abandonadas por la mitad y las carpas blancas. ¿Esas son yurtas? Sí ¿Pero en el medio de la ciudad? Sí. Sí: en los edificios en construcción, en los patios de las casas, en el medio de la calle, en un descampado y en una plaza. Hay miles de yurtas en la capital de Mongolia, algo que nadie se esperaba. Así que esto es Ulán Bator. De nuevo todo el circo de las gerontas para bajar del tren y ya me deja de dar bronca para empezar a darme mucha risa. Contrato un tour que me va a llevar al interior a dormir en una yurta. Lo primero que hacen es ofrecerme un desayuno suntuoso y entonces: ¿quiere darse una ducha? ¡claro! Y sigo el camino indicado para encontrarme con la sorpresa de una "ducha compartida". Básicamente hay que ponerse en bolas en unos lockers, a excepcion de una especie de bombacha bolsuda de papel que te dan, y entrar a un predio del que sale agua del techo y no hay paredes ni separadores ni cortinas y sólo mujeres en bolas bañándose por todos lados. Dudo pero termino por aventurarme presa de un ataque de risa. Las chinas y mongolas andan en bolas muy tranquilas. Yo me siento un romano o un jugador de basquet yanqui o no sé. Pasa y desayuno. Paseamos por la Plaza Sukhbaatar y puedo aprender algunas cosas sobre Mongolia, país cuya historia desconozco absolutamente. Esta es la plaza mas importante de Mongolia, acá está el parlamento y acá fue donde se proclamo la independencia de China. La Revolución en Mongolia fue en Julio de 1921 y Sukhbaatar fue un héroe de la revolución . La historia es parecida a la de todos los lugares de por acá: imperio enorme, república, comunismo. La bandera tiene el signo del ying y el yang. En la plaza hay una estatua grande de uno de los últimos y más fuertes emperadores, Gengis Khan. Aprovecho que hay un correo cerca para mandar algunas postales. El tour incluye visitas a algunos templos budistas. Es la primera vez que visito un país budista y me asombro mucho. El budismo de estos lugares está repleto de supersticiones, en Mongolia se mezcla mucho con el chamanismo, que es la antigua religión de la zona. Las entradas a los templos siempre tienen un escalón alto porque creen que evita que entren los malos espiritus que son bajitos. Las entradas están también decoradas con figuras monstruosas y guerreros con caras de locos y los ojos muy abiertos, nos cuentan que eso es también para espantar a los malos espiritus. Y después, por dentro, todo está lleno de tanta cosa, tanto significado, que es imposible seguir el ritmo. Cada color significa algo, cada pose, casa esquina, cada animal. Pero básicamente se mezcla la adoración a la naturaleza y a Buda, creen en la reencarnación. Hay unos cilindros que giran y la guia dice que son para pedir deseos. Yo creo que no tiene mucho sentido y tenía entendido además que los budistas justamente buscan deshacerse del deseo, pero en fin, me resigno a no entender bien. La ciudad es muy curiosa, hay muchísimas infinitas construcciones. Muchas están paradas por falta de fondos, es un problema muy grave en Ulan Bator y ahora está prohibido empezar nuevas construcciones. En invierno hace tanto frio que no se construye, entonces cuando hace calor se trabaja día y noche. La guia nos cuenta que cada mongol tiene derecho a un pedazo de tierra desde el nacimiento, entonces por eso se usa mucho vivir en yurtas. Una yurta promedio vale mil dolares, cuando una pareja se casa, les regalan una. Y los espacios que cada uno tiene para armar la suya van cambiando con los años, así uno puede moverse. Dice que los jóvenes ahora no tienen muchas ganas de vivir en carpas, pero la mayoría de los abuelos siguen viviendo ahí, y eso es lo que pasa con las carpas que ví en los patios de las casas. Es impactante. Los mongoles son gente realmente hermosa. Los tipos son altos y grandes y tienen la piel medio oscura y rasgos orientales. Historicamente tienen fama de ser guerreros brutales e imbatibles y grandes jinetes, todo el mundo les tuvo miedo, especialmente los chinos. A la guia le gusta bailar salsa y en el micro pone Juan Luis Guerra. Vamos al Museo de Historia Nacional. Mongolia desde el día cero, hay un pasillo con muestras de los trajes de todas las etnias del país, que son muchísimas, incluídos los manchures. Finalmente salimos para el Parque Nacional Terelj, donde están las yurtas. El paisaje es precioso, muchas estepas y pasto verde, piedras enormes y yak; el camino es terrible y el colectivo se mueve como loco. Se me ocurre decirle al colectivero: "samba" y los próximos tres días, cada vez que me ve, se rie y me repite: samba. Me toca dormir en mi yurta con mi nueva amiga mongola, Ijma. La yurta es una carpa redonda, grande y blanca por fuera. Por dentro tiene una estufa a leña en el medio y las camas a los costados. Cenamos, tomamos vodka, cargamos las linternas y nos vamos con Ijma y dos brasileños a subir una montaña. Llegamos a mitad de camino, todos semi vivos y nos sentamos un rato a escuchar Michél Teló, la única música que la mongola tiene en su celular. Me quiero tirar cuesta abajo. Volvemos, la estufa está encendida y me acuesto a dormir con un silencio que no siento hace muchos días.
20 de octubre de 2012
El segundo tren bis
Al día siguiente del incidente de pseudo prostitución de la camarera del vagón comedor, la encuentro con la misma ropa y el pelo chorreando grasa, solo que ahora sirviéndonos la comida en pantuflas. Pacto implícito de que aquí no ha sucedido nada.Me toca compartir la mesa del vagón comedor con la pareja de argentinos, Nestor y Amanda. Hablando de la paria, Amanda cuenta la historia de aquella vez en que fue víctima de la inseguridad: una vez en la puerta de su casa, un motochorro quiso afanarle la cartera. Ella fue a la policia e hizo la denuncia: "Porque después, cuando uno entre a mi casa y yo le pegue un tiro, voy a poder alegar defensa propia por trauma de que esto ya me pasó una vez antes".
Y también aquella vez que le quisieron arranar el celular en la calle: "Sí, yo antes andaba siempre armado, pero hoy en día con las cosas que pasan ya no se puede". Y ahí fue que lacomida me empezó a caer mal.
Una costarricense que viaja con las gerontas no para de lavarse el pelo en el baño del tren. Se toma más o menos una hora ahí encerrada porque el agua sale con la presión del chorro de un bebedero. Teniendo en cuenta que las viejas están siempre orinando en el otro, cada mañana la lucha por el baño es épica. Ejecícios de paciencia son la orden del día.
día 20
Otro gran orgullo es que me subo al teleférico sin miedo. Subimos por una montaña arbolada para llegar a un mirador desde donde se ve la ciudad entera. Tenemos una guia que se llama Gala. Es rubia y con un pelo enorme. Usa pantalones blancos y tanga. No entiendo si es boluda o simplemente tiene mal gusto. Termina siendo una genia, así que mis prejuicios me los meto en el culo. Bajamos la montaña caminando y ayudo a una viejita que se aventura con nosotros, dándole el brazo durante el camino. Me hace acordar a cuando caminaba con mi abuela por la calle, le encantaba andar con su brazo cruzado sobre el mio. Cómo me gustaría llamarla y contarte todo lo que estoy viendo, todo lo que me regaló.
Nos vamos a un museo sobre el lago. En la puerta, un grupo de chicas de no más de 15 le pide a un argentino que iba con su mujer de sacarse una foto con él. Se sacan las fotos y mientras entramos al museo lo miro de reojo: en el medio de las chicas, el viejo canoso intentando comunicarse con las nenas como un orate: you are very beautiful girls, beautiful girls. Siento verguenza ajena.
En el museo se muestran los ecosistemas que viven en el lago y cómo cada cosa con vida contribuye a la limpieza del agua. Es impresionante. Dentro del trayecto decido que a mi vuelta voy a empezar a estudiar biologia, este es el mambo de hoy. También hay fotos del lago congelado en invierno y es una imagen maravillosa. No dejo de escuchar las temperaturas que hay en Rusia en invierno y me es imposible imaginar la vida con ese frio. Hay lugares donde ninguna parte de la cara puede quedar al descubierta porque al contacto con el aire se congelaría, literalmente.
Gala nos lleva a almorzar a la orilla del lago. En un puestito como los de choripanes de la costanera empezamos tomando vodka. Ella hace un brindis y no entiendo si lo hace siempre o si algo le pegó, pero lo que dice es que cada uno tiene su estrella guia y que desea que la de cada uno de nosotros nos lleve siempre hacia lugares ciertos y de felicidad. Me conmueve, pero no sé si es porque me estoy zarpando con el vodka.
Es la primera vez en mi vida que me ponen un plato con un pescado entero, con cabeza y todo. El plato es de plástico y los cubiertos también. Este es el concepto de "picnic" para los rusos. Es lo más rico que como desde que llegué, una delicia absoluta. El pescado es omul fresco del lago. Brilla el sol fuerte, hace calorcito y el agua está bien azul, tenemos mucho más vodka para tomar y la comida está riquísima. Esto es la felicidad absoluta.
Termino la comida y me aventuro al lago. Meto los pies y el agua está absolutamente helada. A la vuelta, un tropezón casi me quita el amor por el lago y la dignidad, suerte que tengo buenos reflejos.
Tomamos un barquito por el lago. El argentino se pone a hablar con unos ingleses, contándoles que tiene un barco y que navega por Brasil. Cada palabra que dice me da más ganas de tirarlo al agua helada. Vamos un a un mercado al aire libre. Creo que Pedro tiene un problema de compulsividad de compras.
Esta noche vuelvo a subir al tren. El próximo destino es Mongolia, ya vamos abandonando Rusia.
El tercer tren (día 21)
No tiene vagón comedor. Estamos todos confinados al vagón que nos tocó. Yo una vez más con el brasileño con el que estoy enemistada desde el incidente de Vladimir, una costarricense con complejo de madre y el otro que le lleva siempre las valijas a las gerontes. Todo se magnifica por la cercania a la que estamos obligados. Comemos en los vagones, los llenamos de migas y olor a queso. Este tramo del viaje es dificil. Termino de leer "Los detectives salvajes", casi que con tristeza porque era una gran compañía.
La situación con Vladimir se pone medio tensa porque un día no se me ocurrió mejor idea que empezar a decirle Vladis. Evidentemente, los apodos cariñosos no son moneda corriente en Rusia. Cada tanto en tren nos encuentra solos y a mí de los nervios no se me ocurre qué decir y lo que digo son puras boludeces. Habrá que remarla hasta tierra firme. Mientras tanto lo veo que anda con las pantuflas del tren por todos lados y muero de ternura.
Con estre tren atravesamos la frontera de Rusia hacia Mongolia. Tenemos paradas de cuatro horas en las que en vez de bajar nosotros, la policia sube a los vagones. Los primeros mongoles que veo en mi vida. Una mujer se acerca a la puerta, pide nuestros pasaportes e intenta decir cada nombre en voz alta, muriéndose de risa. Después entran otros oficiales cinco o seis veces, siempre sonriendo. Creo que es más por la curiosidad que les damos que por que tengan algo que hacer. Los mongoles tienen los ojos rasgados como los chinos pero la piel más oscura y son altos. Hermosos.
Paramos en algún pueblo perdido de la ruta y tenemos que esperar como tres horas más. De nuevo evito a Vladimir y me voy a comer sola al parque mugriento. El pueblo no tiene más de tres cuadras y no entiendo de dónde salió toda esta suciedad. Mientras almuerzo me pasan por delante como diez vacas sueltas y un perrito.
14 de octubre de 2012
día 19
El tren llega a Irkutsk. No puedo esperar para bajar y darme un baño. Sobre todo no puedo esperar para que los demás se den un baño. Ahora sí estamos en Siberia. No hace frio y hay sol. Nunca jamás en mi vida me imaginé que iba a pisar Siberia y aquí estoy. Es dificil de repente llenar de imagenes reales a una fantasia. Irkutsk es una ciudad común y corriente y uno no se imagina que acá exiliaron a tanta gente. Hay un monumento al fundador de la ciudad; como no hay fotos ni pinturas, le inventaron una cara. Vamos con los brasileños y un mexicano hasta el Lago Baikal, una de las mayores reservas de agua dulce del mundo. Vamos a dormir en unas casitas de madera en frente del lago. El agua s absolutamente azul y fria y llena de peces. Ojalá me anime a meterme. La cabaña da un poco de miedo pero está bien. Paseamos por Listvianka, el pueblo a orillas del rio. Al rato tomamos un micro y vamos a una especie de museo al aire libre que muestra la forma de las casas siberianas del siglo XVIII. Con el frio y la lejania, la gente vivía y vive de maneras muy extrañas. No muy lejos de acá está Mongolia, donde todavía muchos viven en yurtas, una especie de carpa del futuro. Vemos casas de madera redondas, yurtas, casitas con techos muy bajos y camas donde dormían familias enteras y muchos depositos de comida para el invierno -para refrigerarla: nieve-. Todavia me cuesta creer en este tipo de casas. Me impacta más el paisaje: muy verde y lleno de arboles que es otoño se empiezan a poner rojos. Algunas montañas bajitas y el lago de agua transparente. Belleza. Acá nos sirven un almuerzo que empieza, como siempre, con vodka. Sigue con una sopa que no me animo a probar y, por último, pescado y para tomar un liquido rojo que parece pitufresa. No sé cómo logro comer todo sin tragarme una espina. Empiezo a ampliar mi dieta por culpa del hambre, estoy muy orgullosa de mi. Volvemos a las cabañas. Hay que pagar internet y con Pedro y el mexicano estamos desesperados por comunicación. Quedamos en pagar una hora cada uno y encontrarnos a cada hora en la puerta de la recepción. Pagamos la primera hora y nos encontramos, pagamos otra hora mientras nos cagamos de risa y terminamos tomando vodka y cerveza y desperdidiciando nuestro pago. Por suerte, la mujer se olvida de apagar la conexión a la hora y queda toda la noche prendida. Cada uno desde su cabaña pensaba que a algún otro le habría agarrado la locura de pagar toda la noche. Nos cagamos de risa en el desayuno. El mexicano dice que tiene una "galletica" pero no le creo. No sé qué se me da cada tanto por descreer absolutamente de lo que alguien me dice, ¿con qué autoridad? Entonces se me vuelve rara la compra de la corona y el huevito que eran -supuestamente- para la galletica. Sospechoso.
10 de octubre de 2012
el segundo tren
No corremos con la misma suerte que la primera vez. El tren ha mutado. Las ventanas son más chiquitas y no se abren, las cortinas más pesadas, más feas. Todo parece más cubierto de polvo. La misma reacción que la primera vez: ¿cómo corno vamos a entrar acá? Dejo que mis compañeros de cuarto se organicen primero y luego entro última y triunfante a mi cucha de arriba, donde puedo camuflar mi quilombo. Siempre nos toca la habitación al lado de la de las gerontas y se las puede escuchar acomodándose, quejándose y, finalmente, acercándose a nuestra puerta para hablarle al costarricense: Chico, ¿Nos ayudas con las maletas? Es que los compartimentos son más pequeños. Mentira. El vagón comedor tiene un aire a pretencioso de los noventas. Nadie quiere tocar mucho nada. El restaurante es atendido por un ruso enorme de unos 50 años y su camarera, una piba joven con pinta de no haberse bañado en una semana. Pasan los dias sobre el tren sin ducha y la mugre que acumulamos todos también la aumula ella sobre la que ya traia. El ritual de la comida es igual al anterior: sopa, ensalada, comida y postre. Siempre pido agua, a veces la traen, a veces no. Te traen la comida pero no la bebida. A veces no te traen algun paso de la comida. Es parte del azar dela aventura. El publico de este tren es diferente, bastante más local. El vagón está generalmente ocupado por los rusos que vienen en busca de mesas donde beber. Vodka a la mañana, la tarde y la noche. Y ojo: acá si que no existen los límites. Si estás sentado en el vagón comedor es porque querés tomar con ellos. Y así, cada vez que fui a sentarme a escribir o leer o bajar las fotos, terminé, de alguna manera u otra, con los rusos. La primera vez fue en la intersección entre dos vagones. Fui a fumar, tenía tabaco así que me arme un cigarrillo. Un grupo de pibes de veintipico fumaba también por ahí y en menos de un segundo todos me rodearon. Mucho rubio, mucha cara rara, mucha altura y grandeza. Y, sobre todo, mucho ruso: uno tras otro se aventuraban a hablarme, me hacían gestos ininterpetables y hablaban y hablaban. Terminé por concluir que pensaban que me estaba fumando un porro y querían. Así que les armé un pucho y se los dejé. Todos quisieron darme la mano cuando se dieron cuenta deque me iba. La segunda vez, me había sentado en el comedor a escribir. Un niño de no más de quince se me sentó en frente con una tabla enorme de chocolate. Me la acercó, regalandomela. Le sonreí: gracias. Acto seguido un sermón de tres horas en ruso y un niño borracho que no me dejaba escribir en paz. Pasaban los minutos y los intercambios eran nulos, yo ponía mi mejor cara de desesperación y confusión y el niño no la entendía. Y así pasamos un buen rato hasta que decidí que si yo no me iba, nadie se iba a ir. Las paradas fueron muchas y las quejas aun más. Cada vez que nos arrimabamos a una estación, el rumor recorría los pasillos de los vagones: VAN A CERRAR LAS BAÑOS. Entonces las gerontas se apilaban sobre las puertas, enloquecidas de ira, queriendo orinar antes que nadie. Y ahí iba yo, ya casi una experta en esto de hacer pis haciendo equilibrio. En cada estación, Pedro, otro nuevo amigo brasileño, y yo salimos en busca desesperada de señal de internet. Algunas veces lo logramos, otras no, pero el desafio le pone un poco de sal a estos días de encierro. Terminado el whisky e imposibilitada para escribir, mis diversiones sobre el tren eran pocas. Durante estos dias, las horas de sueño y las de vigilia se mezclaron hasta confundirse por completo. El vaiven del tren era como un arrullo constante y las ganas de dormir atacaban en cualquier momento del día. Así pasaban las horas: durmiendo, tomando o dormitando. Una noche de durante un lapso en un sueño, me enteré de que había "fiesta en el vagón comedor". Me puse las pantuflas y fui. Feliz, me encontré con vladimir, el brasileño de mi habitación, el dueño del vagón comedor y la moza recontra mamados y bailando. Vladimir toma un vaso de vodka y come pan. Vodka y pan: "beber como ruso", dice y se toma uno tras otro. Me tomo un par yo. Al poco tiempo, me es claro que el brazuca se quiere agarrar a la moza -que está absolutamente dada vuelta y fuera de control-, que la moza es una histerica, que el dueño del restaurante está por caer en coma y que vladimir es un genio. El brazuca y la moza se ponen a bailar entre las mesas y el espectaculo es realmente asqueroso. Ella llena de mugre, casi no se puede mantener en pie y él, altísimo y pesado, queriendo descontrolar. La alzaba en el aire y le bajaba los pantalones, mostrándonos a todos el culo de la moza desnudo. La música que escuchan los rusos es horrible. Me pongo a charlar con Vladimir y muy rápido viene el brazuca gediento a romper las bolas: vayanse juntos, dense un beso, dale. Me hincho las pelotas y me voy a fumar un pucho. Al rato se me une Vladimir. Y al rato llega el brasileño pesado a quejarse con Vladimir de que la moza era una histérica y no le había dado pelota. Yo aprendí, dijo Vladimir, que con las mujeres siempre hay que esperar a que ellas se muestren interesadas. El brasileño desoyó el gran consejo: besense, me dijo. Y ya no le hablé más por idiota.
No corremos con la misma suerte que la primera vez. El tren ha mutado. Las ventanas son más chiquitas y no se abren, las cortinas más pesadas, más feas. Todo parece más cubierto de polvo. La misma reacción que la primera vez: ¿cómo corno vamos a entrar acá? Dejo que mis compañeros de cuarto se organicen primero y luego entro última y triunfante a mi cucha de arriba, donde puedo camuflar mi quilombo. Siempre nos toca la habitación al lado de la de las gerontas y se las puede escuchar acomodándose, quejándose y, finalmente, acercándose a nuestra puerta para hablarle al costarricense: Chico, ¿Nos ayudas con las maletas? Es que los compartimentos son más pequeños. Mentira. El vagón comedor tiene un aire a pretencioso de los noventas. Nadie quiere tocar mucho nada. El restaurante es atendido por un ruso enorme de unos 50 años y su camarera, una piba joven con pinta de no haberse bañado en una semana. Pasan los dias sobre el tren sin ducha y la mugre que acumulamos todos también la aumula ella sobre la que ya traia. El ritual de la comida es igual al anterior: sopa, ensalada, comida y postre. Siempre pido agua, a veces la traen, a veces no. Te traen la comida pero no la bebida. A veces no te traen algun paso de la comida. Es parte del azar dela aventura. El publico de este tren es diferente, bastante más local. El vagón está generalmente ocupado por los rusos que vienen en busca de mesas donde beber. Vodka a la mañana, la tarde y la noche. Y ojo: acá si que no existen los límites. Si estás sentado en el vagón comedor es porque querés tomar con ellos. Y así, cada vez que fui a sentarme a escribir o leer o bajar las fotos, terminé, de alguna manera u otra, con los rusos. La primera vez fue en la intersección entre dos vagones. Fui a fumar, tenía tabaco así que me arme un cigarrillo. Un grupo de pibes de veintipico fumaba también por ahí y en menos de un segundo todos me rodearon. Mucho rubio, mucha cara rara, mucha altura y grandeza. Y, sobre todo, mucho ruso: uno tras otro se aventuraban a hablarme, me hacían gestos ininterpetables y hablaban y hablaban. Terminé por concluir que pensaban que me estaba fumando un porro y querían. Así que les armé un pucho y se los dejé. Todos quisieron darme la mano cuando se dieron cuenta deque me iba. La segunda vez, me había sentado en el comedor a escribir. Un niño de no más de quince se me sentó en frente con una tabla enorme de chocolate. Me la acercó, regalandomela. Le sonreí: gracias. Acto seguido un sermón de tres horas en ruso y un niño borracho que no me dejaba escribir en paz. Pasaban los minutos y los intercambios eran nulos, yo ponía mi mejor cara de desesperación y confusión y el niño no la entendía. Y así pasamos un buen rato hasta que decidí que si yo no me iba, nadie se iba a ir. Las paradas fueron muchas y las quejas aun más. Cada vez que nos arrimabamos a una estación, el rumor recorría los pasillos de los vagones: VAN A CERRAR LAS BAÑOS. Entonces las gerontas se apilaban sobre las puertas, enloquecidas de ira, queriendo orinar antes que nadie. Y ahí iba yo, ya casi una experta en esto de hacer pis haciendo equilibrio. En cada estación, Pedro, otro nuevo amigo brasileño, y yo salimos en busca desesperada de señal de internet. Algunas veces lo logramos, otras no, pero el desafio le pone un poco de sal a estos días de encierro. Terminado el whisky e imposibilitada para escribir, mis diversiones sobre el tren eran pocas. Durante estos dias, las horas de sueño y las de vigilia se mezclaron hasta confundirse por completo. El vaiven del tren era como un arrullo constante y las ganas de dormir atacaban en cualquier momento del día. Así pasaban las horas: durmiendo, tomando o dormitando. Una noche de durante un lapso en un sueño, me enteré de que había "fiesta en el vagón comedor". Me puse las pantuflas y fui. Feliz, me encontré con vladimir, el brasileño de mi habitación, el dueño del vagón comedor y la moza recontra mamados y bailando. Vladimir toma un vaso de vodka y come pan. Vodka y pan: "beber como ruso", dice y se toma uno tras otro. Me tomo un par yo. Al poco tiempo, me es claro que el brazuca se quiere agarrar a la moza -que está absolutamente dada vuelta y fuera de control-, que la moza es una histerica, que el dueño del restaurante está por caer en coma y que vladimir es un genio. El brazuca y la moza se ponen a bailar entre las mesas y el espectaculo es realmente asqueroso. Ella llena de mugre, casi no se puede mantener en pie y él, altísimo y pesado, queriendo descontrolar. La alzaba en el aire y le bajaba los pantalones, mostrándonos a todos el culo de la moza desnudo. La música que escuchan los rusos es horrible. Me pongo a charlar con Vladimir y muy rápido viene el brazuca gediento a romper las bolas: vayanse juntos, dense un beso, dale. Me hincho las pelotas y me voy a fumar un pucho. Al rato se me une Vladimir. Y al rato llega el brasileño pesado a quejarse con Vladimir de que la moza era una histérica y no le había dado pelota. Yo aprendí, dijo Vladimir, que con las mujeres siempre hay que esperar a que ellas se muestren interesadas. El brasileño desoyó el gran consejo: besense, me dijo. Y ya no le hablé más por idiota.
día 18
Tengo una excursión por la ciudad bien temprano a la mañana ¿cómo explicar mi resaca?
Vladimir me ayuda a buscar un cargador para la cámara. Quizás me empieza a gustar, aunque no. Tampoco conseguimos el cargador, aunque entramos a quisillentos negocios y él le pone mucho esfuerzo. Mientras tanto, las gerontes van a orinar en cada esquina.
Chejov dijo que Ekaterimburgo es una ciudad horrible y yo un poco de acuerdo estoy. No diría horrible, pero no le encuentro mucho atractivo. Más monumentos a militares y caidos en guerras. También candados en los puentes, cosas de los enamorados. Vamos a la Catedral que hay donde los bolches mataron al zar, a su familia, sos esclavos y sus mascotas. Dicen que las mujeres tardaron más en morir porque abajo de los vestidos tenían pegadas todas sus joyas y las balas no las podían atravesar. Me embola la nueva catedral, hay una misa de ortodoxos que, no sé por qué, me dan bronca y me aburren particularmente. Me entretengo con un mexicano que se está comprando la mitad de la tiendita de souvenirs. Todas chucherías hechas en oro, horribles y carísimas. El mexicano se debate entre comprarse la coronita horrible y grasa con brillantitos rojos que sale once mil millones de dolares o el huevito en su canasta sin un significado lógico posible, que sale veinticinco mil millones. Le sugiero que se compre la cucharita, que es horrible, pero al menos sale sólo dos millones. El mexicano optapor comprarse todo y de última "me compro otra valija". El mexicano y las gerontas no paran de comprar. Las gerontas son tan gordas y desganadas que no pueden ni arrastrar sus valijas y cuando hay que bajar del tren atascan a toda la gente en el pasillo pidiendo ayuda a los gritos. Todos los demás terminamos bajando primero las valijas de las señoras gordas que, además de tener ropa muy grande, no paran de comprar souvenirs hechos en hierro pesado.
Lo veo a Vladimir afuera de la catedral y me doy cuenta de que a él tampoco le cabe ni medio. Alrededor del edificio, gigantografías del último zar y su familia. Bizarro.
¿Qué es Ekaterimburgo? ¿es la capital de Siberia? No, sí, las respuestas son medio esquivas y to termino de entender bien. Es, seguro, una ciudad industrial.
Con seguridad, el mayor atractivo turístico de Ekaterimburgo proviene de su pertenencia -literal- a Eurasia. Nos lleva un micro a la frontera donde hay un monumento bastante feucho y un ruso descorcha un champagne caliente. Hay un bosque de abedules y todos los árboles están cubiertos de cintitas anudadas. Más enamorados que vienen a jurar amor eterno.
En la cola para el baño, un ruso se me pone a charlar en ruso y me da la dirección de su casa. La dirección de su casa.
Bajamos en una librería y compro unas postales con dibujos y cosas escritas en ruso. Le pido a vladimir que me las traduzca. Me las traduce todas menos una: "esto no se traduce", dijo. No se diga más. Esa se la mandé a Mila. Vuelta al tren. Los trenes siguen pasando cuando uno baja, entonces nunca te toca el mismo. Crece la ansiedad de ver cómo va a ser el próximo que me tome, en el que voy a estar cuatro dias sin bajar, empezando esta noche.
4 de octubre de 2012
día 17
el tren supuestamente cruza los urales, pero no hay nada a la vista. "estamos cruzando los urales", anuncia vladimir. nada.
primeras comidas en el tren. mi paladar ya se acomodó al menú ruso: siempre una ensalada, una sopa y un plato. a veces agua, a veces no, aunque la pidas. el ingrediente estrella de la ensalada es siempre el pepino y todo está rociado con eneldo. creo que nunca antes había comido eneldo. la sopa por lo general es de procedencia desconocida, tiene pedazos de carne que prefiero evitar. y el plato principal incluye una torrecita de arroz y alguna carne roja o pescado. el menú del tren es mucho mejor de lo que esperaba.
llegamos a ekaterimburgo. ekaterimburgo, me toma un rato aprenderme el nombre. la estación es parecida a la de moscú y todos lados: humo y ruido. tomo un colectivo que me deja en el hotel. ceno con una pareja de viejos españoles de castilla. ella es fanática y se pasa la cena enumerándome las maravillas turísticas de su comunidad. intento acordarme algo de lo que aprendí en la facultad y sólo me queda el cid, ¡tanto tiempo al pedo! no se me va de la cabeza el mareo, el sonido y la sensación de vaivén del tren.
no es ni tarde ni temprano. vuelvo a mi habitación y me dispongo a tomarme un vasito de whisky. quiero poner a cargar mi cámara y me doy cuenta de que me olvidé el cargador en el tren (autoflagelo 3). me enculo terriblemente, no sé qué me pasa que estoy haciendo estas cosas.
pongo música, me tomo toda la petaca y el hotel me da vueltas cuando me acuesto a dormir.
2 de octubre de 2012
el tren
nos disponemos a recorrer 10 mil kilometros en tren.
primer objetivo a bordo: hacer una expedición. un pasillo finito muestra, a un lado, ventanas grandes que no se pueden abrir. por fuera de las ventanas se ve un paisaje siempre igual: arboles. son abedules y, como empieza el otoño, están teñidos de colores. verde, amarillo y cada tanto una zona roja, casi fucsia. y siempre lo mismo, se repite hasta el infinito, mientras van cambiando los colores. frente a las ventanas, las puertas de las habitaciones. se abren para el costado con una tranca y cada cuarto tiene su llave. en mi vagón, las habitaciones son de a cuatro. hay otro vagón de habitaciones de dos y hay un par colectivos. la mayoría de los habitantes de mi vagón llevan la puerta abierta porque hace calor. el pasillo es una experiencia de olores. los rusos que viajan en el tren no comen en el vagón comedor (es carísimo), sino que se cocinan. el tren tiene tanques de agua caliente que se pueden usar, entonces por lo general se preparan sopas. caminando por el paisllo hacia otros vagones, voy oliendo la comida de todos los pasajeros. el piso del pasillo tiene alfombra y las ventanas cortinas. el olor se impregna, no corre aire fresco, el ambiente es pesado y cerrado. cada vagón tiene dos baños, uno en cada punta. los baños se cierran media hora antes y después de llegar a cada estación, lo cual causa muchísimo revuelo entre los latinos. el baño es chiquito pero sorprendente, como fueron las habitaciones. hay un inodoro, papel, tacho y canilla con agua. en la habitación nos dieron un equipito con toalla, cepillo de dientes y peine. siento que todo es mucho mejor de lo que esperaba.
llego al vagón colectivo y me sorprende. acá sí que los olores se mezclan y ya es imposible saber de dónde vienen. olor a comida, a pata, a chivo, a personas, a todo. las literas se suceden sobre la izquierda y sobre la derecha, mesitas desplegables y banquitos sobre los cuales muchos comen, le cambian los pañales al bebé, toman vodka o juegan a las cartas.
el vagón comedor es una especie de milagro. uno nunca podría haberse imaginado cómo se dispondrían las cosas para que todo parezca tierra firme. y es así, como un comedor cualquiera: sillas, mesas, un mostrador.
el vagón de latinos y las azafatas no tardamos en hacernos amigos. se llaman natasha y lidia y, cuando no andan uniformadas acomodando las alfombras o cerrando los baños, andan en piyama, ruleros y pantuflas por los pasillos, siempre sonriendo y dando largos sermones en un idioma que nadie entiende.
30 de septiembre de 2012
dia 16
llueve mucho en moscú.
de nuevo la plaza roja está habitada por el espectáculo militar y no se puede terminar de ver en todo su esplendor. moscú está construida en forma de anillos que rodean al kremlin. el kremlin es una especie de barrio amurallado del siglo XII donde están los principales edificios del gobierno. o sea que para ubicarse, hay que pensar en qué anillo está uno parado. voy a ver el kremlin; edificios, iglesias, edificios. la campana más grande del mundo que no puede sonar y el tanque más pesado del mundo que no puede disparar. "a los rusos nos gustan las cosas a lo grande", me dice vladimir, el guía. entramos en muchas iglesias y la última tiene tumbas de varias dinastías rusas. la mezcla entre el comunismo acérrimo, la religiosidad acérrima y el fanatismo acérrimo por la vieja realeza es algo que no termino de entender.
vamos a ver la tumba del soldado desconocido, donde hay una llama eterna, un fuego siempre encendido cuidado por unos militares de esos que tienen que estar quietos todo el día. no tienen más de quince años. la tumba es un monumento a los caidos en la "gran guerra patria" (nota mental: estudiar más historia).
paseo por ahí, me empapo y saco muchas fotos. me compro unas zapatillas nuevas porque las viejas me aprietan un pie. ¿por qué tengo un pie más grande que el otro?
recorro el camino hasta el tren llena de ansiedad. se me vuela todo de un golpe de olor cuando entro al baño de la terminal. poco a poco me voy conviertiendo en una experta del arte de mear parada. espero con todas las personas que van a tomar el tren conmigo. alrededor: rusos. grupos de pibes todos vestidos iguales (jean azul, campera de cuero), mujeres sobremaquilladas, pibas que parecen modelos, pibas que parecen huérfanas de peliculas. todo lo que te puedas imaginar, hay. durante la espera, el brasileño me agarra del viaje y me lleva a una licorería: vamos a comprar resistencia para el tren, no me puedo negar. en menorca ya me bajé el whisky que me regaló mi prima en una hermosa petaca y ahora la tengo vacia. me compro un nuevo whisky y el brazuca compra vodka. lo que nos espera.
vemos llegar al tren y nos avalanchamos desesperados, todos queremos ver qué es, cómo es. una señora sonriente, gordita, bien peinada y tiernamente uniformada nos pide los boletos y vamos entrando de a uno.
el vagón de latinos es un escándalo ¿con quién compartiré cuartito?
con una y un costaricense y el brasileño. primera impresión: ¿cómo corno vamos a entrar acá?
la habitación no mide más que dos metros por un metro y medio. me toca dormir en la cama de arriba. a los quince minutos ya nos acomodamos. la habitación funciona como un tetris, hay escondites por todos lados para guardar las cosas, enchufes, sábanas, almohadas y cubrecamas. increible. sale el tren. emoción generalizada, un sueño hecho realidad para muchos. brindamos: yo con whisky, el brazuca con vodka.
llueve mucho en moscú.
de nuevo la plaza roja está habitada por el espectáculo militar y no se puede terminar de ver en todo su esplendor. moscú está construida en forma de anillos que rodean al kremlin. el kremlin es una especie de barrio amurallado del siglo XII donde están los principales edificios del gobierno. o sea que para ubicarse, hay que pensar en qué anillo está uno parado. voy a ver el kremlin; edificios, iglesias, edificios. la campana más grande del mundo que no puede sonar y el tanque más pesado del mundo que no puede disparar. "a los rusos nos gustan las cosas a lo grande", me dice vladimir, el guía. entramos en muchas iglesias y la última tiene tumbas de varias dinastías rusas. la mezcla entre el comunismo acérrimo, la religiosidad acérrima y el fanatismo acérrimo por la vieja realeza es algo que no termino de entender.
vamos a ver la tumba del soldado desconocido, donde hay una llama eterna, un fuego siempre encendido cuidado por unos militares de esos que tienen que estar quietos todo el día. no tienen más de quince años. la tumba es un monumento a los caidos en la "gran guerra patria" (nota mental: estudiar más historia).
paseo por ahí, me empapo y saco muchas fotos. me compro unas zapatillas nuevas porque las viejas me aprietan un pie. ¿por qué tengo un pie más grande que el otro?
recorro el camino hasta el tren llena de ansiedad. se me vuela todo de un golpe de olor cuando entro al baño de la terminal. poco a poco me voy conviertiendo en una experta del arte de mear parada. espero con todas las personas que van a tomar el tren conmigo. alrededor: rusos. grupos de pibes todos vestidos iguales (jean azul, campera de cuero), mujeres sobremaquilladas, pibas que parecen modelos, pibas que parecen huérfanas de peliculas. todo lo que te puedas imaginar, hay. durante la espera, el brasileño me agarra del viaje y me lleva a una licorería: vamos a comprar resistencia para el tren, no me puedo negar. en menorca ya me bajé el whisky que me regaló mi prima en una hermosa petaca y ahora la tengo vacia. me compro un nuevo whisky y el brazuca compra vodka. lo que nos espera.
vemos llegar al tren y nos avalanchamos desesperados, todos queremos ver qué es, cómo es. una señora sonriente, gordita, bien peinada y tiernamente uniformada nos pide los boletos y vamos entrando de a uno.
el vagón de latinos es un escándalo ¿con quién compartiré cuartito?
con una y un costaricense y el brasileño. primera impresión: ¿cómo corno vamos a entrar acá?
la habitación no mide más que dos metros por un metro y medio. me toca dormir en la cama de arriba. a los quince minutos ya nos acomodamos. la habitación funciona como un tetris, hay escondites por todos lados para guardar las cosas, enchufes, sábanas, almohadas y cubrecamas. increible. sale el tren. emoción generalizada, un sueño hecho realidad para muchos. brindamos: yo con whisky, el brazuca con vodka.
24 de septiembre de 2012
día 14
duermo con el despertador en la mano por miedo a no despertarme. me levanto bien temprano en mi habitación multitudinaria, preparo mis cosas y parto. de nuevo el camino hasta el aeropuerto. una vieja me acosa y me saca mi botella de agua. estoy podrida de dejarme ofuscar por el idioma y decido nunca más ceder ante la confusión.
tomo el avión y duermo las tres horas hasta moscú. la entrada a rusia toma horas y los policias de inmigración son poco simpáticos. aprovecho para observar a la gente rara que me rodea: muchos rubios, muchos gordos, mucha ropa negra, cara de culo, humedad y olor. busco mi mochila y salgo. el aeropuerto está lleno de gente: taxistas vestidos de negro que acosan a los recién llegados, muchos tipos con ramos de flores, guías turísticos. doy vueltas durante un rato, salgo a fumarme un pucho. afuera está que llueve o que sale el sol. todo es un ruido incomprensible para mí, no hay conversación que entienda. ahora sí que estoy lejos.
tomo un taxi hasta mi hotel. el trayecto dura alrededor de hora y media. primeras impresiones de moscú: bosque, bosque, bosque, tráfico. no hay nieve ni hace frio.
llegamos al hotel y me recibe una piba de mi edad que se llama anastasia. pienso que no voy a poder usar ese nombre en ningún cuento. le pregunto por el vodka y me dice que no toma. me cuenta también que en rusia son fanáticos de natalia oreiro, la ropa de 47 street y calamaro. rancirusos. intercambiamos mails.
el hotel es un lujo. desarmo toda mi mochila en la habitación, doy vuelta todo, me robo los cepillos de dientes. es la primera vez en el viaje que uso crema de enjuague. prendo la teley la pantalla me da la bienvenida: welcome, daniela soledad. me siento kurt cobain. bajo al restaurante a comer, estoy molida. subo y, como no anda la tele en inglés, decido comprar una pelicula para ver antes de dormir. se cobran a la habitación antes de irte. la compro, me sale carísima y me quedo profundamente dormida a los cinco minutos.
día 15
recorrida de moscú con un guía que "habla" español. me levanto y no tengo idea de dónde tengo que encontrar al guia. doy vueltas, desayuno, leo. me encuentra una pareja de argentinos y me dicen que nos están buscando. aparece el guia y nos sube a una camioneta donde nos aplauden a los tres por haber llegado tarde. ya quiero matar a todos mis compañeros de recorrido.
llueve intermitentemente. llegamos a la plaza roja. por alguna razón, los rusos hacen un esfuerzo por desligar el nombre de la plaza de los comunistas. es roja porque rojo en ruso significa bonito, es roja por los ladrillos de las construcciones. ninguna información me parece muy digna de confianza. la plaza está ocupada porque hay un acto militar y no podemos ver mucho. se nos ofrece visitar el mausoleo de lenin y me desanima una cola de dos cuadras. vemos la iglesia de san basilio, una de las primeras ortodoxas de mi vida. es increibles. por fuera, las cupulas que parecen merengues, muchos colores brillantes y decoraciones. adentro es otra historia: te obligan a cubrirte (cosa que no me pasó ni en las mezquitas de marruecos) y el ambiente es de muerte.
nos vamos a recorrer el subte moscovita. recorremos varias estaciones y son impresionantes. todas estan decoradas con murales enormes con distintas temáticas por estación, todas tienen su lugar sagrado -por lo general con un busto de lenin-. las escaleras para llegar son gigantezcas, alcanzan los 80 metros bajo la tierra. saco fotos a cagar y me quedo sin bateria.
tomamos un micro de una hora para visitar el convento de sergei posad. me arrepiento de haber venido, no lo pensé bien. son más iglesias ortodoxas. en mi grupo hay tres gerontas obesas de costa rica que siempre quieren ir al baño: "me estoy orinaaaando". en cada lugar paramos quince minutos para que las viejas meen. este no es la excepción. yo también voy al baño. hay tanto olor que siento que me voy a desmayar, la cola es una tortura. cuando ya me toca a mí, una rusa enorme con campera de cuero y pañuelo negro en la cabeza se me atraviesa y me roba el turno del baño. le toco el hombro cuando está metiéndose y me ignora. al rato la encuentro caminando por el convento, me acerco y la recago a puteadas en la cara, no paro de mirarla a los ojos con mi peor cara de culo cada vez que la cruzo. despierta mi ira.
entramos a una misa y me aburro a los dos minutos. un brasileño del grupo me abduce y me obliga a ponerme para fotos que él quiere sacar. así se pasan las horas. antes de irnos, las gerontas nos hacen parar a comprar souvenirs de la iglesia.
de vuelta al hotel, me dispongo a pagar la pelicula que vi anoche porque ya mañana me voy. me atiende un chico y cuando le digo que me compré una pelicula, se rie y me guiña un ojo, implicando que me compré una porno. me pone nerviosa y huyo ni bien puedo. cuando me estoy por subir al ascensor viene corriendo trayéndome mi tarjeta de crédito. me pongo colorada y huyo a mi habitación.
14 de septiembre de 2012
diario de viaje
día 11
no duermo nada y me levanto tempranísimo decididaa sacar mi visa para mongolia. pido indicaciones en el hostal sobrecómo llegar. fácil: un tranvía, casi toda la línea hasta el final y caminar unas cuadras. en vez de tomar el tranvia, tomo una especie de subte hasta el final. 50 minutos de viaje. la parada indicada nunca llega; llego a una estación vacia. pregunto con mi escueto (inexistente alemán): ya no estamos en berlín. tomo la línea entera de vuelta. muero de sueño y no tengo reloj como para saber si llego o no. tras varias vueltas, encuentro el tranvia correcto, subo, no aparece la estación indicada, llego a la estación final. de nuevo el medio de la nada, pero otra nada. le pregunto al chofer, no habla inglés, me explica en alemán, creo que me odia. espero y me subo al mismo tranvia, pero de vuelta. en el medio del camino, el tranvia para. el conductor se baja dela cabina, viene hasta el vagón del medio donde estoy sentada y me indica que me baje. me muero de la risa y de la felicidad. no sé qué hora es, tenía hasta las doce para llegar a la embajada, seguro que ya son pasadas. decido ir igual para, al menos, cumplir con mi objetivo. camino algunas cuadras sonriendo, el manejador del tranvia me alegró el día. llego a la embajada convencida de que es tarde. no es tarde, son las doce en punto y una mongola que tampoco habla inglés me atiende. hago el trámite y me pide que pague cien euros. no aceptan tarjeta y no tengo efectivo. no sé cómo, logramos pactar que al día siguiente voy a retirar la visa y entonces pago. este día es un milagro tras otro.
vuelvo al hostal y duermo la siesta de mi vida.
en mi habitación tengo nuevas inquilinas canadienses, decidimos salir juntas a tomar algo. les digo que por ese barrio todo es caro y malo y que vayamos a otro barrio lleno de bares y mejor. tenemos que tomar el subte. una me mira con desconfianza y no quiere salir, la otra se prende en todas. en la puerta del hostal levantamos a otro canadiense y a un pibito japonés. el japonés tiene puesto un shot rosa, unas chancletas y una remera que dice "I love ny". usa anteojos y aparatos fijos. esta noche cumple 18. se nos unen y el japonés entra en pánico cuando se da cuenta de que vamos a tomar el subte. nos explica que estaba de viaje con su mamá, que se cababa de volver a estados unidos (de donde eran y donde vivían), que era la primera vez que estaba solo, que nunca volvía al hostal después delas 21 y que nunca había tomado alcohol en su vida. le digo que no se preocupe, que tome y haga lo que quiera, que yo le prometo que lo devuelvo con vida la hostal.
tomamos el subte y caemos en el barrio de los bares. todos me miran con desconfianza, entonces los meto en el primer bar que veo. son bastante maleducados y los alemanes nos miran mal porque estos les hablan en inglés de una, además se quejan de los precios. siento un poco de verguenza pero pasa. pro primera vez como una de esas salchichas alemanas y no me gusta mucho. le compramos como 5 cervezasal japonesito y las personas que están en el bar le empiezan a traer shots de regalo de cumple. la gente se acerca y compran más y más cosas para tomar. incitamos al japonés a ir a hablarle a unas chicas. va y, cuando podemos escuchar lo que dice, les estaba contando del viaje con su mamá.
los canadienses tienen 23, pero todos tienen hipotecas y sus propias casas. se muestran fotos que tienen en el celular de sus casas: este es mi sillón, mi proche, mi cocina. a mí me divierte más el japonés. se nos unen unos astriacos con más tragos y nos cooptan para ir a otro bar. se me caen 40 euros del bolsillo, autoflagelo 2.
llegamos al segundo bar que parece estar buenísimo. los canadienses sostienen su actitud maleducada. el guardia no nos deja entrar y cuando una de las pibas le pregunta "adónde deberíamos ir?", el guardia contesta: de vuelta a tu país. que me trague la tierra.
en el camino hacia afuera, conocemos a un grupo de alemanas y nos unimos a su travesía. atravesamos la mitad de la ciudad caminando y no llegamos a ningún lado. el japonés ya no disimula su borrachera, le doy mi bufanda ara que se abrigue. va saltando obstaculos y perdiendo las chancletas por ahí. tiene barro hasta las rodillas. intenta revolear una botella vacia contra un enrejado y la botella termina pegando con muchísima fuerza contra las tetas de una irlandesa, después se rompe en mil pedazos. oscilamos entre la risa y el pánico.
sin darnos cuenta, las alemanas nos llevaron por un terreno valdio en construcción y terminamos caminando al costado de unas vias de tren y cruzándolas, saltando para subir a la estación. cruzamos un puente y, a esta altura, nuestro grupo ya consta de unas 30 personas. yo voy adelante, pero voy siguiendo al japonés que va atrás hablando con unas chicas.
cuando terminamos de cruzar el puente, doblamos todos a la derecha. unos metrosmás y miro hacia atrás para verificar que el japonés esté bien.
el japonés desapareció.
corro por todo el puente y no lo encuentro. ya no tengo idea dedonde estamos.una de las canadienses necesita ir al baño y se quiere volver al hostal. es mi única oportunidad. viajamos mirando por las ventanas a ver si lo vemos. ni rastros.
llegamos al hostal y el japonés no está. hay un borracho dando vueltas. me siento con la compu en la recepción a esperar a ver si llega mi amiguito. se me une el borracho y otros más que traen whisky y me hacen compañía. el borracho es un australiano pintón y va trayendo a las chicas del hostal a la reunión. yo vario entre la risa, el whisky y la imagen del japonesito en una zanja.
se me hace de día embobada chateando ♥♥. el australiano se me queda haciendo compañía, sigue trayendo chicas mientras yo chateo y ya nos morimos de risa.
se queda dormido en el sillón esperándome y aparece el personal de limpieza del hostel. cuando se despierta casi que lo están limpiando a él. nos vamos a dormir.
ni noticias del japonés, pero por otro lado, me voy a dormir contenta
.
diario de viaje
dia 1
vamos al aeropuerto con papá y luchi. allá nos encontramos con juampi y celi. ayer compré la mochila y las últimas cosas. antes de subir al auto ya se me había roto la mochila. tardamos mucho en llegar, papá se fuma un pucho atrás de otro. es la primera vez en muchos viajes que estoy segura de que tengo el pasaporte bien. la última semana fue un caos debido, principalmente, a un pequeño nuevo, lindo y breve enamoramiento de sorpresa. en el aeropuerto encontramos a barbi. nos tomamos un café todos juntos, me explican, un poco en pánico, cómo pagar las cosas. me voy muy agradecida.
día 2
cierro los ojos y, cuando los abro, el avioncito de la pantalla está casi encima de madrid. ya no me da miedo volar en avión. hasta quiero un almuerzo. de nuevo barajas, eso sí que es increible. de nuevo hernández y ya no tanto recordar a nadie. ahora sí, pánico respecto al próximo avión. compro chocolates, paseo, pienso en robarme cosas. termino comprándome una cámara, la cámara de mi viaje, que saca fotos abajo del agua y otras chucherías. hace mucho que una cosa no me hacía tan feliz. espero unas cuatro horas y tomo el próximo avión. llego a menorca, me lavo los dientes, me peino, busco mi mochila y salgo. no hay nadie.
día 3, 4 y 5
menorca es lindo. sol y agua. nuevos y lindos amigos: uri, clara, norita, pete y harry. tengo tos.
día 5
tengo pasaje menorca-madrid con escala en barcelona. decido abandonar el segundo tramo y quedarme en barcelona. de nuevo el prat, el aerobus, plaza catalunya, la fuente canaletas, la rambla. me hospedo en un hostel donde se que está mi hermano, pregunto por él y me ponen en su misma habitación. entro y veo sus cosas sobre una cama, el resto vacias. sus cosas son su quilombo: libros, curitas (ya me dijo que le dolían los pies), botellas de sprite (le encanta desde que era chiquito). él todavía no llegó. bajo y lo veo entrar por la puerta de calle: nada, nada en el mundo como un hermano. felicidad. facu acaba de llegar de la tomatina. hace un calor de muerte. nos vamos a comprar cervezas, donner. él ya la tiene re clara, "tu ya comprar de mí. yo recordar a ti, tu nunca a mí, ¿sí?". yo me asusto un poco, al pedo, obvio. le muestro dónde vivíamos en el gótico. nos vamos a la terraza del hostal y vemos el partido barca-real madrid proyectado sobre el costado de un edificio. charlamos y nos emborrachamos. cerca, un viejo francés en calzones y su sobrino de nueve años descansan en un sillón. suponemos que son gitanos, medio turbios, y el viejo quiere hacer migas hablando puro francés. les ofrecemos birra y ahí se acaba todo. facu me cuenta de su viaje increible. pierde el barca y nos vamos a pasear por ahí, tomar más cerveza y bajonear. no puedo creer que estoy paseando por barcelona con mi hermano. extrañamos a luchita. sigue la tos.
día 6
lluvia. nos levantamos y vamos a sacar un pasaje de tren para facu. en la estación hacemos todo mal. terminamos fumando y comiendo unos sanguches por ahí. decidimos encarar para montjuic. caminamos y caminamos. metemos las patas en algunas fuentes, paramos varias veces a descansar y charlar. compramos un mp3 para mi viaje. me siento muy feliz con mi hermano cerca, nunca me voy a olvidar de este día. llegamos de vuelta al hostel y tenemos un nuevo compañero de habitación. es un viejo loco y raro, español. cuando habla se le entienden las tres primeras palabras y el resto se pierde en balbuceos. intentamos evitarlo. decido no perderme de nada de lo que hubiese querido hacer en estas dos semanas en europa. compro el pasaje a serbia. van a ser unos dias movidos, pero es la única manera de no lamentar tanto la inversión de los primeros dias. facu y yo nos reimos pensando en lo que diría papá: "ehh, daniela, dejá de especular, ya estás allá". a la noche nos cambiamos y salimos. vamos primero al mariachi, cerca de nuestro antiguo piso. queriamos ver música. nos tomamos una birra y partimos hacia una jam de algo por ahí. caminamos un par de cuadras re locos y, de milagro, la encontramos. primero toca una banda bastante buena, cantaba un argentino. cuando abren el micrófono, se pone interesante. un peruano bajito y chiquito al bajo la rompe. lo bancamos. al rato se suben dos viejas: una rubia platinada, bajita, cuadrada y con un vestido negro y otra morocha, flaca y alta, tatuada, con mini shorts y remera apretada. dos reventadas. la pianista la rompe. la rubia agarra el micrófono. se menea como jessica rabbit pero sin gracia, se frota contra los musicos que hacen caras de miedo al público, pega alaridos y se despeina. con facu la pasamos increible y nos reimos a más no poder. volvemos al hostal despacio porque a facu le duelen los pies. en la habitación encontramos al viejo. nos acostamos con los ventiladores prendidos y el balcón abierto. a los cinco minutos, el viejo empieza a hablarle a la gente de la calle: "callense, ponganse a trabajar, claro, ustedes no trabajan -balbuceo, balbuceo, balbuceo". al rato dice "ya está bien", siento que se levanta y cierra el balcón. se acuesta. dos minutos después se vuelve a levantar: "esto también", dice y apaga los ventiladores. pienso que vamos a morir de calor pero prefiero eso a morir en manos del viejo. al poco rato, facu se levanta y prende los ventiladores. el viejo empieza a roncar o a pegar grititos que parece que se va a morir asfixiado. facu y yo nos reimos de cama a cama. yo le pedí al viejo que me levantara a la mañana siguiente. no puedo dormir del pánico de que me despierte. más tos.
día 7
el viejo me despierta golpeando unas llaves contra los barrotes de la cama.
no nos aguantamos la risa y el viejo se va de la habitación. no lo volvemos a ver. facu tiene una mochila más chica y decido cambiarle. mudo todo lo mio a la suya y lo suyo a la mia. le doy ropa que traje de más para que la devuelva a buenos aires. caminamos juntos hasta la estación de subte y nos despedimos. me voy contentísima. de nuevo aerobus, aeropuerto y vuelo a berlín. estoy nerviosa porque mañana sale mi vuelo a serbia muy temprano y todavía no se dónde dormir. en el aeropuerto encuentro un folleto de un hostal cerca de ahí y decido ir. tengo sueño y estoy medio molesta. el barrio del hostal es realmente horrible. llego, dejo mis cosas, pago. me conecto a internet, encuentro a tom que me ayuda con unas cosas de la visa de mongolia, le dejo un mensaje a santi y salgo de paseo. camino por una avenida hasta llegar a fredrichstrasse y vuelvo. es bastante diferente a lo que recordaba. hay muchísima gente. no me gusta tanto como pensaba. busco algo que comer y siempre termino en donner. vuelvo al hostal lista para dormir. busco desesperadamente un despertador, no encuentro nada. soy la peor viajera del mundo.
santi me contesta el mensaje y decido salir. lo llamé por teléfono, tengo que cruzar media ciudad para encontrarlo. para variar tomo todo mal y hago un camino muchísimo más largo del que debía. a mitad del viaje me agarra sueño y miedo de perder el vuelo. ya es muy tarde para arrepentirse. me encuentro a santi donde debía. paseamos por el barrio, tomamos cervezas y comimos tapas. le cuento de menorca, de buenos aires y de los planes de serbia. me cuenta de la vida en los vagones en berlín, de la gira que se le viene con las kumbia queers, del barrio de inmigrantes. "sos todavia más linda que en las fotos", dice. paseamos por las pinturas horribles del muro. me acompaña al hostal y, como es viernes y de noche, evidencio la jarana berlinesa. gente con computadoras y parlantes en la estación de tren, grupos enormes, locos vestidos con peluche y sacos hasta el piso. en el tren tocan, toman, fuman y gritan. hubiese sido divertido ser adolescente en berlín. ahora ya no me hace tanta gracia la onda de los pibitos europeos. me voy a dormir tarde y preocupadísima de perder el avión. pido en la recepción que me despertaran pero desconfio. me cuesta dormir por la tos.
día 8
me levanto excesivamente temprano. me duele la cabeza y me arden los ojos. armo el bolso y decido dejar más cosas atrás: mis pantumedias y la camisa de jean de luchi. si estás leyendo esto, perdoname, te voy a comprar una nueva. sospecho que mis compañeros de habitación me odian por el ruido.
me doy el gusto y me tomo un taxi al aeropuerto. el de la recepción no me para de hablar. después me hace un té para la tos. el taxista es árabe, me da charla, me cae bien. cuando me baja en el aeropuerto me da la mano y me desea toda la suerte del mundo. para vos también, amigo. tengo quisillentas horas hasta que salga mi vuelo a belgrado. me compro un sanguche, me siento a comerlo y rompo un poco la silla. me alejo disimuladamente. hago la cuenta de cuántas horas podré dormir hasta llegar a belgrado. puedo aprovechar y dormir una ahora, antes del avión. luego una durante el primer avión y una más en el segundo. hago el check in y me acuesto en los asientos, uso mi mochila de almohada. subo al avión como un zombie. el sueño me quitó el miedo a los aviones, una suerte. bajo no se dónde. subo a otro avión, duermo. llego a belgrado como si estuviera llegando en un sueño soñado desde mi cama en mi casa en iberá. pero no, estoy acá. me peino, me lavo los dientes, busco mi mochila y salgo. ahí está milica. como sila hubiera visto ayer, primera entre un montonazo enorme de personas que esperan para encontrar a sus personas queridas. primera. la veo, no puedo creerlo, corro con todos mis bártulos encima y la abrazo, me abraza, me grita daaaaaniiii daaaaaani. me siento tan feliz, ¿cómo puedo explicarselo? tan tan feliz. sé que ella también. me doy las muchísimas gracias por haber venido a pesar de todo. hay que reconocer cuando uno toma buenas decisiones también. milica está más flaca y yo más gorda. las dos estamos de acuerdo. buscamos a su amiga ana por el aeropuerto, la encontramos. subimos las tres al auto de ana y me siento inmediatamente como en casa. belgrado no es como lo imaginaba, oscuro y gris. es una ciudad hermosa, los edificios son muy parecidos a los del resto de europa, hay mucho verde y la gente es amigable. mila dice que tiene una reunión de trabajo y que tenemos que ir para allá ahora mismo. me asusta mi pinta y cómo puedo hacerla quedar mal en su reunión. ana nos deja en una esquina que es un bar en construcción que mila tiene que diseñar y decorar. adentro nos encontramos con los cuatro dueños. están tomando birra y fumando. me invitan con un café, un shot de rakia (denominado por mí "veneno serbio" en mi anterior convivencia con serbios en barcelona) y mucho poto. el bar está absolutamente en ruinas y todos están trabajando. la mejor bienvenida que podía pedir, no puedo parar de sonreir y mila tampoco, es uno de los reencuentros más lindos e inesperados de mi vida, como si no hubiera pasado ni un solo día desde la última vez que nos vimos. termina la reunión de trabajo y uno de los chicos nos lleva a la casa de mila. se acaba de comprar un departamento impresionante. es el último piso de un edificio viejo. es todo blanco, con pisos de madera y techos altos. no hay nada, ni cocina. un par de muebles, no hay cocina, los vasos y cubiertos en el baño. en la habitación un espejo y una cama grande. robamos internet del vecino. salimos a caminar y mila me invita a comer una buena comida serbia. hay algo de cerdo con sopa, algo que parece niños envueltos, puré de papas y una copita de vino. nos contamos las vidas, sobre todo nuestras historias de amor, para variar. el mozo se acerca a cada rato y quiere sacarnos charla. al rato aparecen más amigas de mila. otra ana y el nuevo chico con el que está saliendo, la vieja ana y su perro. nos vamos todas para un bar con reposeras en la calle. al lado hay un parque y proyectan una peli de marilyn en la calle. intercalamos español con inglés con serbio, tomamos cervezas y cafés. al rato de estar ahí ya somos como diez, la gente va llegando y uniéndose al grupo. pronto me siento entre amigas aunque no termine de entender todas las conversaciones. mila me cuenta de nuestros planes: primero a lo del tio, después a lo de su mamá, luego a lo de su hermana y más tarde quedamos con las chicas. un típico paseo milica, todo el día en la calle. me olvido rápido del sueño que traigo acumulado. vamos a la casa de la familia mesterovic. es cerca de la casa de mila. conozco a su mamá, marina, de la que tanto me había hablado en barcelona. una mujer grande y hermosa, alta. lista para salir de fiesta con sus amigos, mila la convence de ponerse tacos. me muestran la casa donde creció mi amiga. ella se seca el pelony se cambia mientras yo me duermo una siesta en el sillón. salimos a un bar. vamos caminando y viendo un poco más de serbia. hay muchos edificios viejos, casi destruídos, que funcionan como bares y boliches. hay, también, mucha gente en la calle. llegamos al lugar y nos volvemos a encontrar con los amigos de antes y más. estamos unas horas ahí y huimos tras un encuentro no deseado con un ex de mila. vamos a un bar en un barco. básicamente, hay como diez barcos amarrados en la costa del danubio con fiestas y bares adentro. volvemos caminando y charlando. estamos antojadas pero la pizzería ya está cerrada. nos quedamos charlando en la casa, tapamos la ventana con una toalla y nos vamos a dormir, como cuando la invadí a mila en madrid.
día 9
me levanto a cualquier hora. mila ya había ido al bar a trabajar y había vuelto. vamos a almorzar una comida rápida serbia: básicamente pollo con pan y porquerías, riquisimo. paseamos por las murallas de belgrado, vemos dónde el danubio se une con el xx. charlamos largo y tendido. al rato nos vamos a comer unas tortas y a tomar café. cada dos cuadras mila se encuentra con algún amigo. tiene dos celulares porque perdió el suyo y le prestaron uno para recibir llamadas y otro para hacer. mila es un caos enorme y una aventura.
tenemos que ir a cobrar una plata de un trabajo que hizo mila para un tipo y después ir a pagarle a su tio, al que ella le debe. nos tomamos un tranvia, belgrado es enorme. paseamos como detectives por el barrio del deudor pero ni rastros. mila lo llama, nada, lo mensajea. quedamos esperándolo en un bar durante horas pero no aparece. igual tomamos limonada y hablamos y hablamos y las horas se pasan volando. volvemos caminando y paramos en uno de los barcitos de sus amigos a tomar un café. ellos se están por ir a ensayar a un edificio tomado que tiene como 500 salas y nos invitan a ir. vamos pero antes nos encontramos con el deudor que le paga a mila menos de lo que le debía.
tomamos otro colectivo y nos bajamos cerca de este edificio, en el medio de un descampado. es una fábrica abandonada y parece cualquier edificio de la uba. nos tomamos unas cervezas, los chicos ensayan, sacamos fotos, paseamos por el edificio y nos volvemos en colectivo.
compramos una pizza en la calle y un jarabe para la tos.
charlamos hasta que caemos de sueño.
día 10
nos levantamos temprano para ir a tatuarme. nos buscan las amigas de mila, ellas se van a algo así como un mercado de pulgas donde venden restos del ejercito para comprar cosas para el bar mientras yo me tatuo. en el auto vamos escuchando tristeza nao tem fim, felicidade sim.
nos encontramos, llega el taxi y nos despedimos. decidimoscasi no despedirnos porque seguro que nos veremos pronto. igual yo lloro, obvio.
de nuevo me hago amiga del taxista que me despide deseándome lo mejor. tomo el avión un poco triste, duermo todo el viaje y llego a berlín. me duele un poco el tatuaje.
en el aeropuerto de la escala me doy cuenta de que me olvidé el cargador de la compu (perdida número 1): autoflagelo mental.
en berlín vuelvo a tomar un par de subtes al azar y termino en un barrio turbio de noche. me meto en un ciber a buscar otro destino. el ciber está vacio. voy adelante a comprar tabaco y me doy cuenta de que no hay nadie y la puerta de calle está cerrada. paniquito. pasa el tiempo y no aparece nadie. lamento nunca haber aprendido karate. al rato aparece el empleado apestando a porro. soy una boluda. encuentro un nuevo hostal en internet y me voy para allá. llego, mis compañeras de habitación son unas ñoñas y se van a dormir temprano. salgo a pasear y a comer algo. intento probar algo alemán, pero para varias esto esel reino del donner. vuelvo a caer en la tentación. en la puerta del hostal charlo con unos alemanes y un brasileño, quedamos en salir de paseo juntos mañana. tom me averiguó el tramite de la visa de mongolia, mañana temprano tengo que ir a la embajada. dios me ayude.
vamos al aeropuerto con papá y luchi. allá nos encontramos con juampi y celi. ayer compré la mochila y las últimas cosas. antes de subir al auto ya se me había roto la mochila. tardamos mucho en llegar, papá se fuma un pucho atrás de otro. es la primera vez en muchos viajes que estoy segura de que tengo el pasaporte bien. la última semana fue un caos debido, principalmente, a un pequeño nuevo, lindo y breve enamoramiento de sorpresa. en el aeropuerto encontramos a barbi. nos tomamos un café todos juntos, me explican, un poco en pánico, cómo pagar las cosas. me voy muy agradecida.
día 2
cierro los ojos y, cuando los abro, el avioncito de la pantalla está casi encima de madrid. ya no me da miedo volar en avión. hasta quiero un almuerzo. de nuevo barajas, eso sí que es increible. de nuevo hernández y ya no tanto recordar a nadie. ahora sí, pánico respecto al próximo avión. compro chocolates, paseo, pienso en robarme cosas. termino comprándome una cámara, la cámara de mi viaje, que saca fotos abajo del agua y otras chucherías. hace mucho que una cosa no me hacía tan feliz. espero unas cuatro horas y tomo el próximo avión. llego a menorca, me lavo los dientes, me peino, busco mi mochila y salgo. no hay nadie.
día 3, 4 y 5
menorca es lindo. sol y agua. nuevos y lindos amigos: uri, clara, norita, pete y harry. tengo tos.
día 5
tengo pasaje menorca-madrid con escala en barcelona. decido abandonar el segundo tramo y quedarme en barcelona. de nuevo el prat, el aerobus, plaza catalunya, la fuente canaletas, la rambla. me hospedo en un hostel donde se que está mi hermano, pregunto por él y me ponen en su misma habitación. entro y veo sus cosas sobre una cama, el resto vacias. sus cosas son su quilombo: libros, curitas (ya me dijo que le dolían los pies), botellas de sprite (le encanta desde que era chiquito). él todavía no llegó. bajo y lo veo entrar por la puerta de calle: nada, nada en el mundo como un hermano. felicidad. facu acaba de llegar de la tomatina. hace un calor de muerte. nos vamos a comprar cervezas, donner. él ya la tiene re clara, "tu ya comprar de mí. yo recordar a ti, tu nunca a mí, ¿sí?". yo me asusto un poco, al pedo, obvio. le muestro dónde vivíamos en el gótico. nos vamos a la terraza del hostal y vemos el partido barca-real madrid proyectado sobre el costado de un edificio. charlamos y nos emborrachamos. cerca, un viejo francés en calzones y su sobrino de nueve años descansan en un sillón. suponemos que son gitanos, medio turbios, y el viejo quiere hacer migas hablando puro francés. les ofrecemos birra y ahí se acaba todo. facu me cuenta de su viaje increible. pierde el barca y nos vamos a pasear por ahí, tomar más cerveza y bajonear. no puedo creer que estoy paseando por barcelona con mi hermano. extrañamos a luchita. sigue la tos.
día 6
lluvia. nos levantamos y vamos a sacar un pasaje de tren para facu. en la estación hacemos todo mal. terminamos fumando y comiendo unos sanguches por ahí. decidimos encarar para montjuic. caminamos y caminamos. metemos las patas en algunas fuentes, paramos varias veces a descansar y charlar. compramos un mp3 para mi viaje. me siento muy feliz con mi hermano cerca, nunca me voy a olvidar de este día. llegamos de vuelta al hostel y tenemos un nuevo compañero de habitación. es un viejo loco y raro, español. cuando habla se le entienden las tres primeras palabras y el resto se pierde en balbuceos. intentamos evitarlo. decido no perderme de nada de lo que hubiese querido hacer en estas dos semanas en europa. compro el pasaje a serbia. van a ser unos dias movidos, pero es la única manera de no lamentar tanto la inversión de los primeros dias. facu y yo nos reimos pensando en lo que diría papá: "ehh, daniela, dejá de especular, ya estás allá". a la noche nos cambiamos y salimos. vamos primero al mariachi, cerca de nuestro antiguo piso. queriamos ver música. nos tomamos una birra y partimos hacia una jam de algo por ahí. caminamos un par de cuadras re locos y, de milagro, la encontramos. primero toca una banda bastante buena, cantaba un argentino. cuando abren el micrófono, se pone interesante. un peruano bajito y chiquito al bajo la rompe. lo bancamos. al rato se suben dos viejas: una rubia platinada, bajita, cuadrada y con un vestido negro y otra morocha, flaca y alta, tatuada, con mini shorts y remera apretada. dos reventadas. la pianista la rompe. la rubia agarra el micrófono. se menea como jessica rabbit pero sin gracia, se frota contra los musicos que hacen caras de miedo al público, pega alaridos y se despeina. con facu la pasamos increible y nos reimos a más no poder. volvemos al hostal despacio porque a facu le duelen los pies. en la habitación encontramos al viejo. nos acostamos con los ventiladores prendidos y el balcón abierto. a los cinco minutos, el viejo empieza a hablarle a la gente de la calle: "callense, ponganse a trabajar, claro, ustedes no trabajan -balbuceo, balbuceo, balbuceo". al rato dice "ya está bien", siento que se levanta y cierra el balcón. se acuesta. dos minutos después se vuelve a levantar: "esto también", dice y apaga los ventiladores. pienso que vamos a morir de calor pero prefiero eso a morir en manos del viejo. al poco rato, facu se levanta y prende los ventiladores. el viejo empieza a roncar o a pegar grititos que parece que se va a morir asfixiado. facu y yo nos reimos de cama a cama. yo le pedí al viejo que me levantara a la mañana siguiente. no puedo dormir del pánico de que me despierte. más tos.
día 7
el viejo me despierta golpeando unas llaves contra los barrotes de la cama.
no nos aguantamos la risa y el viejo se va de la habitación. no lo volvemos a ver. facu tiene una mochila más chica y decido cambiarle. mudo todo lo mio a la suya y lo suyo a la mia. le doy ropa que traje de más para que la devuelva a buenos aires. caminamos juntos hasta la estación de subte y nos despedimos. me voy contentísima. de nuevo aerobus, aeropuerto y vuelo a berlín. estoy nerviosa porque mañana sale mi vuelo a serbia muy temprano y todavía no se dónde dormir. en el aeropuerto encuentro un folleto de un hostal cerca de ahí y decido ir. tengo sueño y estoy medio molesta. el barrio del hostal es realmente horrible. llego, dejo mis cosas, pago. me conecto a internet, encuentro a tom que me ayuda con unas cosas de la visa de mongolia, le dejo un mensaje a santi y salgo de paseo. camino por una avenida hasta llegar a fredrichstrasse y vuelvo. es bastante diferente a lo que recordaba. hay muchísima gente. no me gusta tanto como pensaba. busco algo que comer y siempre termino en donner. vuelvo al hostal lista para dormir. busco desesperadamente un despertador, no encuentro nada. soy la peor viajera del mundo.
santi me contesta el mensaje y decido salir. lo llamé por teléfono, tengo que cruzar media ciudad para encontrarlo. para variar tomo todo mal y hago un camino muchísimo más largo del que debía. a mitad del viaje me agarra sueño y miedo de perder el vuelo. ya es muy tarde para arrepentirse. me encuentro a santi donde debía. paseamos por el barrio, tomamos cervezas y comimos tapas. le cuento de menorca, de buenos aires y de los planes de serbia. me cuenta de la vida en los vagones en berlín, de la gira que se le viene con las kumbia queers, del barrio de inmigrantes. "sos todavia más linda que en las fotos", dice. paseamos por las pinturas horribles del muro. me acompaña al hostal y, como es viernes y de noche, evidencio la jarana berlinesa. gente con computadoras y parlantes en la estación de tren, grupos enormes, locos vestidos con peluche y sacos hasta el piso. en el tren tocan, toman, fuman y gritan. hubiese sido divertido ser adolescente en berlín. ahora ya no me hace tanta gracia la onda de los pibitos europeos. me voy a dormir tarde y preocupadísima de perder el avión. pido en la recepción que me despertaran pero desconfio. me cuesta dormir por la tos.
día 8
me levanto excesivamente temprano. me duele la cabeza y me arden los ojos. armo el bolso y decido dejar más cosas atrás: mis pantumedias y la camisa de jean de luchi. si estás leyendo esto, perdoname, te voy a comprar una nueva. sospecho que mis compañeros de habitación me odian por el ruido.
me doy el gusto y me tomo un taxi al aeropuerto. el de la recepción no me para de hablar. después me hace un té para la tos. el taxista es árabe, me da charla, me cae bien. cuando me baja en el aeropuerto me da la mano y me desea toda la suerte del mundo. para vos también, amigo. tengo quisillentas horas hasta que salga mi vuelo a belgrado. me compro un sanguche, me siento a comerlo y rompo un poco la silla. me alejo disimuladamente. hago la cuenta de cuántas horas podré dormir hasta llegar a belgrado. puedo aprovechar y dormir una ahora, antes del avión. luego una durante el primer avión y una más en el segundo. hago el check in y me acuesto en los asientos, uso mi mochila de almohada. subo al avión como un zombie. el sueño me quitó el miedo a los aviones, una suerte. bajo no se dónde. subo a otro avión, duermo. llego a belgrado como si estuviera llegando en un sueño soñado desde mi cama en mi casa en iberá. pero no, estoy acá. me peino, me lavo los dientes, busco mi mochila y salgo. ahí está milica. como sila hubiera visto ayer, primera entre un montonazo enorme de personas que esperan para encontrar a sus personas queridas. primera. la veo, no puedo creerlo, corro con todos mis bártulos encima y la abrazo, me abraza, me grita daaaaaniiii daaaaaani. me siento tan feliz, ¿cómo puedo explicarselo? tan tan feliz. sé que ella también. me doy las muchísimas gracias por haber venido a pesar de todo. hay que reconocer cuando uno toma buenas decisiones también. milica está más flaca y yo más gorda. las dos estamos de acuerdo. buscamos a su amiga ana por el aeropuerto, la encontramos. subimos las tres al auto de ana y me siento inmediatamente como en casa. belgrado no es como lo imaginaba, oscuro y gris. es una ciudad hermosa, los edificios son muy parecidos a los del resto de europa, hay mucho verde y la gente es amigable. mila dice que tiene una reunión de trabajo y que tenemos que ir para allá ahora mismo. me asusta mi pinta y cómo puedo hacerla quedar mal en su reunión. ana nos deja en una esquina que es un bar en construcción que mila tiene que diseñar y decorar. adentro nos encontramos con los cuatro dueños. están tomando birra y fumando. me invitan con un café, un shot de rakia (denominado por mí "veneno serbio" en mi anterior convivencia con serbios en barcelona) y mucho poto. el bar está absolutamente en ruinas y todos están trabajando. la mejor bienvenida que podía pedir, no puedo parar de sonreir y mila tampoco, es uno de los reencuentros más lindos e inesperados de mi vida, como si no hubiera pasado ni un solo día desde la última vez que nos vimos. termina la reunión de trabajo y uno de los chicos nos lleva a la casa de mila. se acaba de comprar un departamento impresionante. es el último piso de un edificio viejo. es todo blanco, con pisos de madera y techos altos. no hay nada, ni cocina. un par de muebles, no hay cocina, los vasos y cubiertos en el baño. en la habitación un espejo y una cama grande. robamos internet del vecino. salimos a caminar y mila me invita a comer una buena comida serbia. hay algo de cerdo con sopa, algo que parece niños envueltos, puré de papas y una copita de vino. nos contamos las vidas, sobre todo nuestras historias de amor, para variar. el mozo se acerca a cada rato y quiere sacarnos charla. al rato aparecen más amigas de mila. otra ana y el nuevo chico con el que está saliendo, la vieja ana y su perro. nos vamos todas para un bar con reposeras en la calle. al lado hay un parque y proyectan una peli de marilyn en la calle. intercalamos español con inglés con serbio, tomamos cervezas y cafés. al rato de estar ahí ya somos como diez, la gente va llegando y uniéndose al grupo. pronto me siento entre amigas aunque no termine de entender todas las conversaciones. mila me cuenta de nuestros planes: primero a lo del tio, después a lo de su mamá, luego a lo de su hermana y más tarde quedamos con las chicas. un típico paseo milica, todo el día en la calle. me olvido rápido del sueño que traigo acumulado. vamos a la casa de la familia mesterovic. es cerca de la casa de mila. conozco a su mamá, marina, de la que tanto me había hablado en barcelona. una mujer grande y hermosa, alta. lista para salir de fiesta con sus amigos, mila la convence de ponerse tacos. me muestran la casa donde creció mi amiga. ella se seca el pelony se cambia mientras yo me duermo una siesta en el sillón. salimos a un bar. vamos caminando y viendo un poco más de serbia. hay muchos edificios viejos, casi destruídos, que funcionan como bares y boliches. hay, también, mucha gente en la calle. llegamos al lugar y nos volvemos a encontrar con los amigos de antes y más. estamos unas horas ahí y huimos tras un encuentro no deseado con un ex de mila. vamos a un bar en un barco. básicamente, hay como diez barcos amarrados en la costa del danubio con fiestas y bares adentro. volvemos caminando y charlando. estamos antojadas pero la pizzería ya está cerrada. nos quedamos charlando en la casa, tapamos la ventana con una toalla y nos vamos a dormir, como cuando la invadí a mila en madrid.
día 9
me levanto a cualquier hora. mila ya había ido al bar a trabajar y había vuelto. vamos a almorzar una comida rápida serbia: básicamente pollo con pan y porquerías, riquisimo. paseamos por las murallas de belgrado, vemos dónde el danubio se une con el xx. charlamos largo y tendido. al rato nos vamos a comer unas tortas y a tomar café. cada dos cuadras mila se encuentra con algún amigo. tiene dos celulares porque perdió el suyo y le prestaron uno para recibir llamadas y otro para hacer. mila es un caos enorme y una aventura.
tenemos que ir a cobrar una plata de un trabajo que hizo mila para un tipo y después ir a pagarle a su tio, al que ella le debe. nos tomamos un tranvia, belgrado es enorme. paseamos como detectives por el barrio del deudor pero ni rastros. mila lo llama, nada, lo mensajea. quedamos esperándolo en un bar durante horas pero no aparece. igual tomamos limonada y hablamos y hablamos y las horas se pasan volando. volvemos caminando y paramos en uno de los barcitos de sus amigos a tomar un café. ellos se están por ir a ensayar a un edificio tomado que tiene como 500 salas y nos invitan a ir. vamos pero antes nos encontramos con el deudor que le paga a mila menos de lo que le debía.
tomamos otro colectivo y nos bajamos cerca de este edificio, en el medio de un descampado. es una fábrica abandonada y parece cualquier edificio de la uba. nos tomamos unas cervezas, los chicos ensayan, sacamos fotos, paseamos por el edificio y nos volvemos en colectivo.
compramos una pizza en la calle y un jarabe para la tos.
charlamos hasta que caemos de sueño.
día 10
nos levantamos temprano para ir a tatuarme. nos buscan las amigas de mila, ellas se van a algo así como un mercado de pulgas donde venden restos del ejercito para comprar cosas para el bar mientras yo me tatuo. en el auto vamos escuchando tristeza nao tem fim, felicidade sim.
nos encontramos, llega el taxi y nos despedimos. decidimoscasi no despedirnos porque seguro que nos veremos pronto. igual yo lloro, obvio.
de nuevo me hago amiga del taxista que me despide deseándome lo mejor. tomo el avión un poco triste, duermo todo el viaje y llego a berlín. me duele un poco el tatuaje.
en el aeropuerto de la escala me doy cuenta de que me olvidé el cargador de la compu (perdida número 1): autoflagelo mental.
en berlín vuelvo a tomar un par de subtes al azar y termino en un barrio turbio de noche. me meto en un ciber a buscar otro destino. el ciber está vacio. voy adelante a comprar tabaco y me doy cuenta de que no hay nadie y la puerta de calle está cerrada. paniquito. pasa el tiempo y no aparece nadie. lamento nunca haber aprendido karate. al rato aparece el empleado apestando a porro. soy una boluda. encuentro un nuevo hostal en internet y me voy para allá. llego, mis compañeras de habitación son unas ñoñas y se van a dormir temprano. salgo a pasear y a comer algo. intento probar algo alemán, pero para varias esto esel reino del donner. vuelvo a caer en la tentación. en la puerta del hostal charlo con unos alemanes y un brasileño, quedamos en salir de paseo juntos mañana. tom me averiguó el tramite de la visa de mongolia, mañana temprano tengo que ir a la embajada. dios me ayude.
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