17 de febrero de 2010

dani, el catalan y el dilema de la fuente



13.2.2010

Hace varias semanas conocí en el bar a un catalán de un pueblo afuera de Barcelona que se llama Terrassa. Después del trabajo, fuimos a tomar una cerveza, intercambiamos mails y cada uno a su casa. Al día siguiente me escribió invitándome a un concierto el 13 de febrero. Tras un largo intercambio de mails (arreglamos la cita con dos semanas de anticipación), quedamos en encontrarnos a las 8 en la fuente canaletas al final de la Rambla. Esa noche, tras haberle pedido ropa prestada a Mila (no podía ir con mis harapos de viajera), partí -casi casi puntual- hacia lo que yo consideraba con absoluta certeza nuestro punto de encuentro. Había tormenta. Llegue a la fuente enorme de Plaza Catalunya (no me había fijado el nombre de la fuente en el mail del catalán porque ¿Qué duda había? Esas eran las fuentes al final de la rambla). No había nadie. Camine bajo la lluvia alrededor de la fuente por un largo rato. Me empape como si hubiese estado debajo de la ducha. Nadie. Me empezaron a hablar los tipos que andan por ahí vendiendo hash. Nadie. No puede ser: ¿Cómo me va a invitar a una cita con tanta antelación, tanto preparativo, y no venir? Empecé a preguntar: ¿Cómo se llama esta fuente? Nadie sabía. ¿Hay alguna fuente conocida por acá? Si, la fuente canaletas (¡ah! Ese era el nombre) ¿Y no es esta? No. Esta más arriba. Seguí las indicaciones de cómo cinco personas diferentes en busca de la bendita fuente canaletas. Finalmente llegue a lo que a los ojos de mi espíritu poco sutil se parecía más a un poste de luz que una fuente, y allí estaba mi cita esperándome (45 minutos de lluvia más tarde).

D- ¡Esto no es una fuente! (Trate de zafar con un poco de humor).

El inicio fue un poco ríspido, claro. Pero después amaino. Fuimos a comer torrades (comida que implica una gran tostada de pan con cualquier cantidad de cosas encima –yo comí de lomo y brie, ñam) y después nos fuimos para el Palau de la Música a ver a la orquesta sinfónica búlgara tocar las Cuatro estaciones de Vivaldi y un potpurrí de música clásica. Más tarde salimos a tomar algo y a charlar. No hace falta decir que adoro al hombre que me tuvo tanta paciencia y me invito a una de las noches más lindas desde que llegue a Barcelona. Ni hablar de sus historias de jardín y cerveza en un pueblo catalán o del hecho de que me acompaño hasta la puerta de casa bancándose la tormenta o de que me escribe a ver como estoy en Marruecos.
Nice!




fuente a la que fui yo, fuente a la que fue Xavier.

3 comentarios:

fabioniq dijo...

tu fuente era mucho más fuente y más linda! jjjooj

Anónimo dijo...

por eso amo Barcelona , porque ahí es donde todo lo mágico sucede, te quiero Dan! Car

Anónimo dijo...

pregunta...
fuente en catalan, significa poste de luz??? jejeje
Amiga, me alegro po ti!