15 de abril de 2010

el que quiere celeste que le cueste

28.2.2010

mi destino final era chefchaouen: lugar paradisíaco e imperdible al norte de marruecos. para llegar ahí tenía que tomar un bus a fez (unas 12 horas) y de ahí uno a chaouen (unas 3 horas más).
todo lo que parecía simple no lo fue. partiendo de la base de que mi bus salió unas seis horas más tarde de lo que debía, todo el resto del plan funcionó catastróficamente.
el trato preferencial que había logrado recibir en mi viaje duró poco. en el medio de la ruta se subió una horda de berebers que copó el pasillo y todos los asientos libres. uno se sentó en la mitad de mi doble-asiento y procuraba tocarme la pierna; fue un constante tira y afloje en el que yo terminé acurrucada en un rincón. cuando logré adaptarme a mi nueva situación y dormirme contra el vidrio de la ventana: señorita, hay que cambiar de bus.
ok: resignación y paz, pensé. resignación y paz.
llegamos a fez. Listo ¡vamos! ya casi estoy: un viaje más y ya estoy.
la terminal de fez es un mundo violento: la gente te grita, la gente te lleva del brazo, la gente te vende cosas, la gente te habla aunque no le entiendas. victima de ésto fue que terminé con un pasaje hacia nosedonde en la mano y nadie que me pudiera explicar qué corno acababa de suceder. lloré, pataleé, hice escándalo y finalmente me explicaron que no había buses a chefchaouen y que me habían dado un pasaje a tetouan que es a mitad de camino y que ahí debía tomar otro bus que me dejara el chaouen ¡chadetumadre!
un señor muy amable me vio desamparada y se ofreció a ayudarme: él también iba a chaouen, nos bajaríamos juntos en tetouan y buscaríamos el siguiente bus ¡bingo!
tomamos el nuevo micro. yo moría de hambre pero también de vergüenza de sacar mi pic nic preparado el día anterior (bananas y queso) que apestaba; finalmente lo saqué, inundando de olor al micro entero. me hundí en el asiento y comí con ganas, deseando con todas mis fuerzas que mi amigo filántropo no me abandonara al ser testigo de la asquerosidad que estaba haciendo. no satisfecha con haber atestado el micro con olor a banana, después de comer me dio sueño. es muy feo dormitar: uno está a medias muerto y a medias absolutamente consciente de que está haciendo un papelón. me daba cuenta de que tenía la cabeza tirada para atrás y la boca abierta de par en par; la cerraba. la escena se repitió unas 15 veces, con más o menos ronquidos. incluso ahora mi compañero se mantuvo a mi lado.
llegamos a tetouan y el señor me llevó rápido a un puestito, se sienta, pide comida. nos traen dos platos. yo tenía muy pocas ganas de hacer amigos y muchas ganas de llegar a destino, sin embargo me digné a almorzar con el señor antes de seguir camino.
con la panza llena, fuimos a buscar un “big taxi” que nos llevara. a mi acompañante no le gustó el precio que nos dieron “It´s for tourists”, repetía. yo sufría las consecuencias de mi sobreadaptación a los locales mientras veía a un grupito de pibes españoles subirse a un big taxi rumbo a chaouen; puta, qué fácil sería acercarme, charlarles y tener compañeros por el resto del viaje. pero no hice nada; permanecí fiel a mi compañero inicial. fuimos a averiguar por los buses y estaban todos llenos; la “terminal” era un mundo de gente, coches y burros paseando azarosamente por un terreno de tierra entre montañas. tenía sueño y hambre, me la jugué: querido amigo, yo creo que me voy a tomar el taxi. entendió mi decisión y me acompañó, nos despedimos y yo emprendí lo que -con mucha suerte- sería mi viaje final hacia chefchaouen.
unas tres horas de demasiado contacto físico entre los pasajeros del taxi después, llegamos a destino.
a primera vista, chefchaouen parecía ser todo lo prometido y más. así como tengo un pensamiento recurrente para cada vez que me quedo sola, tengo otro para cada vez que llego a un lugar: ¿qué cosas me pasarán acá?

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