15 de enero de 2012

IX

querida x:
creo que pocas veces en mi vida me costó tanto levantarme de la cama como hoy. es mi último dia con las yanquis así que hago un esfuerzo superhumano y a las 9 estoy lista para zarpar. desayunamos y, como es costumbre, la piba indecisa va a rpeguntarle al empleado del hostel qué nos recomienda hacer ¿qué otra cosa nos iba a recomendar que subirnos a uno de esos colectivos rojo electrico que lleva a todos los turistas ñoños por la ciudad a la vista de toda la población? no quise pecar de esnob y acepté, ya tenía calzadas las botas y no iba a volver a la cama. pagamos ahí mismo el billete y salimos hacia la parada. mientras esperabamos, me metí en una verdulería y me asombró ver que vendían tomates rojísimos con partes de la ramita verde de donde salieron.
subimos al megamicro y me entregué a la experiencia sabiendo que no valían la pena las sutilezas. fuimos a techo y nos calzamos los auriculares. bajamos en una de las paradas que nos habían recomendado en el hostal: la casa de la música. es un edificio de forma rarísima, como un bloque de cemento blanco. recorrimos una placita, todo muy lindo, y nos dispusimos a caminar hasta la próxima parada del colectivo. supuestamente, la caminata valía la pena: no fue más que un millón de cuadras al rayo del sol por una avenida horrible llena de casas prefabricadas. llegamos al museo de arte contemporáneo. entramos. en la entrada nos dijeron que era gratuito para estudiantes: saqué mi nunca bien ponderada tarjeta de estudiante de derecho (lista de cosas que me aportó la facultad de derecho: tarjeta para entrar gratis a los museos durante todos mis viajes. fin de la lista). las chicas no quisieron entrar al museo, así que nos paseamos por los kilometros y kilometros de jardines con lagos y bancos que lo rodeaban. para coronar la caminata: una siestita sobre el pasto y bajo el sol de invierno.
seguimos camino y tenemos que correr para alcanzar al colectivo rojo que vemos en la parada. seguimos en camino y se nos muestra: un parque hermoso (nota mental: vuelvo acá mañana o pasado), el mar, el rio, el barrio de la rivera. bajamos a chusmear y comer.
encontramos un rancilugar de comida rápida con mucha variedad de postres. el tipo que nos atiende está mal dispuesto, ¿será porque somos, en nuestra mayoría, yanquis?
le pregunto un par de cosas en portuñol. me contesta en inglés.
-ah, hablás inglés. entonces puedo dejar de intentar hablarte en portugués.
-estabas hablando español, me contesta con cara de orto.
para distender la mala onda y la tardanza de la comida, elucubramos sopechas de que está hace tiempo meando adentro de nuestras latas de coca y escupiéndonos los sanguches. how long does it take to pee in a can?
finalmente llega nuestra comida en manos de otra persona y el mozo nos hace saber, con un leve carraspeo, que estuvo todo este tiempo sentado en la mesa atrás de la nuestra, comiendo su almuerzo. comemos en silencio y nos escabullimos a la velocidad de la luz, sólo para estallar en carcajadas cuando llegamos a la esquina. nos subimos a un barquito que nos lleva a dar una vuelta por el rio. hace frio y yo me quedo adentro, las chicas afuera. se me acerca a hablar el guarda que es polaco, pero habla portugués y español. le gusta mi gorrito con orejas y conocer gente. nos reímos un rato. me gusta su sonrisa.
a la vuelta del barco, las chicas decidieron ir a ver las bodegas de oporto y yo volver al hostal a tomar mi merecido descanso.
las chicas volvieron un par de horas después y se acostaron también. yo, en cambio, decidí salir a regalarme una cena a todo trapo. me comí el papel de turista a la que le venden cualquier cosa y me metí en el primer restaurante cuyo mozo estockeador de la puerta me coqueteó un poquito. comí queso, carne, y hasta torta de chocolate con helado de lima de postre. una botellita de vino tinto y todo el tiempo del mundo para disfrutar.
de vuelta al hostal, encuentro a las dos yanquis durmiendo e incumpliendo nuestra promesa de salir a reventar la noche. no me quejo, me meto en mi camita y me duermo contenta.
mañana se van y creo que las voy a extrañar, aunque un poco me cansé de hablar en inglés y el altercado de hoy me hizo dar cuenta de que tengo que empezar a practicar mi portuñol.
así que boa noite!

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