Querida x:
Empecé a leer Simone, otro libro que me regaló Fede. Cuenta la historia de un hombre, su ciudad y una mujer que lo persigue con señas y literatura.
Hoy a la mañana desayuné en el hostel, le conté la historia del falso asesino a Heléna, nos despedimos y partí. Bajo las escaleras contenta de haberme cruzado con tantos personajes en Braga. Han sido unos días hermosos, de esos que hacen valer la pena un viaje.
Me espera un largo viaje: voy a encontrarme con las yanquis es Santiago de Compostela. Quedamos en encontrarnos en dos lugares: un hostal que elegí yo al tuntún por internet y el Parque Alameda. Al momento de partir, todavía no está bien definido; veremos qué pasa allá. Primero tengo que llegar a Vigo, al sur de Galicia, y de ahí tomar otra cosa.
El paso a España es, por primera vez, raro. Se ve todo más gris, más triste y enojado. Me dan ganas de pegar la vuelta. Estoy en el segundo micro, el que tomé en Vigo, está repleto de adolescentes. Al fondo un grupo de chicas se rie muy fuerte y me irritan, especialmente una. Estoy tres asientos adelante. Un rato más tarde atraviesa el pasillo un hombre desalineado que despide un baho a alcohol por donde pasa. va gritando y su voz es como la de un sabina borracho y moribundo. Se sienta atrás mío, obvio. Lo escucho mascullas algunas cosas, no está contento. Arranca el micro, contengo la respiración: el olor a pis y etilico me descompone. Poco a poco el micro se empieza a llenar de humor y el olor a cigarrillo se vuelve insoportable: espío ppor el borde de la ventana y veo que el borracho está fumando, tranquilo, en su asiento. Pronto se vuelve muy molesto. Repentinamente frena el micro en medio de la autopista y el conductor atraviesa el pasillo enfurecido. Es argentino.
-¡Apaga el pitillo!¡Apaga ya el pitillo! Duérmete y te despierto cuando lleguemos o te bajas aquí.
-lsdakhfwelfweo
-¡Duérmete!
-Tu me gustas, eres una buena persona
-¡Apaga el pitillo!¡Apaga ya el pitillo! Duérmete y te despierto cuando lleguemos o te bajas aquí.
-lsdakhfwelfweo
-¡Duérmete!
-Tu me gustas, eres una buena persona
Llego a Santiago unas horas después y me sorprendo ¿no era un pueblo? No. Algo que no cesa de sorprenderme de los viajes es cómo uno construye imágenes de lugares que no conoce y cuán rápido se destruyen esas imágenes. Imaginaba que Santiago era chico, de piedra y barro. Es grande y laberíntico.
Por suerte y casualidad, el hostal elegido queda solo a unos metros de la terminal de micros. Llego a la puerta y toco timbre. Me abre un gringo bien bien rubio, alto y con pinta de sucio.
-Hola
-Sorry, I don´t speak spanish.
¿Eh? ¿Me equivoque de país?
Estoy preocupada por el punto de encuentro con las yanquis; le pregunto a mi anfitrión por el Parque Alameda. No tiene idea dónde queda. Empiezo a darme cuenta de que caí en cualquier lado: acá estamos sólo este tipo y yo, y él parece no tener idea de nada. Me pregunta si quiero un candado y se autoresponde: Bah, igual sos la única huésped en el hostal. Pronto comienzo a tener reminiscencias del asesino. Me tienta pedirle que me convide lo que está fumando, pero temo que lleguen las yanquis y recibirlas en un estado tan calamitoso como el del rubio. Entonces le pregunto si hay internet y compu, me presta la suya. Me quedo sentada en la cocina, con la compu de un extraño, mientras él desaparece tras una puerta y lo escucho charlar y cagarse de risa con un grupo de gente que, evidentemente, está de visita. Le mando un mensaje a las yanquis: por dios lleguen, el hostal apesta a jipi. Me atajo, yo elegí el hostal y tengo miedo de que me quieran matar.
Al rato llega la primera. La veo entrar y no lo puedo creer, mitad de la misión ya es un éxito. Está un poco enferma. Zafa del encuentro con el gringo porque yo me encargo de mostrarle todo. Vamos a comer unas tapas y luego nos metemos en la habitación a dormir una siestita. Charlamos de cama a cama. Me empiezo a preocupar porque la tercera no llega. Me burlo porque la imagino por la calle preguntándole en su indecisión a extraños: ¿vos irías al hostel o al parque?
La escuchamos llegar. La escuchamos conversar confusamente con el jipi, nos estamos cagando de risa cuando entra a la habitación. La parte más interesante de la charla fue más o menos así:
Jipi: ¿Y dónde vivís?
Yanqui: En Corcubión
Jipi: No tengo idea dónde es (flaco: ¿qué hacés acá?)
Yanqui: Es un pueblo de pocos habitantes, al norte
Jipi: Ah, sí, sí, ese lugar es hermoso, tan hermoso (¿¿??). Bueno, hasta luego.
Yanqui: Ahm ¿dónde es mi habitación?
Sorprendentemente, las yanquis fueron mucho más benévolas con el hostal que yo. Nuevamente: me estoy poniendo vieja: lo apodo el hippie dumpster.
La nueva yanqui ocupa su cama y nos ponemos al día. Nos cuenta de su vida sexual con su novio español Jaime. Las yanquis son muy explicitas y al rato estamos compartiendo intimidades del tipo: I give some fucking good head. La otra sale con José, un español metrosexual que le pide que tire sus zapatos viejos y su bolso de Perú y compre algo de ropa nueva en España. Ambos novios tienen más de treinta y viven con sus mamás.
Seguimos cagándonos de risa un buen rato: del jipi, de los metrosexuales, del mal sexo y del bus rojo que me hicieron tomar en Oporto. Cada día las quiero más; es lindo sentirse, de nuevo, entre amigas.
Así que a disfrutar de esto y a escribir más mañana.
Besos desde un Santiago que nunca imaginé.
1 comentario:
Querida Dani
Es imposible no pensar en La ciudades imposible de Calvino cuando se habla de Compostela, espero que hayas encontrado mi recado en lA estatua de VAlle Inclan en la ALameda de SAntiago.
tuya X
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