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22 de junio de 2011
5 de abril de 2011
qué es ésto

mi abuela elsa
texto de roxana muriel
cada remera que se ve por la calle, cada foto lleva puesta una pregunta. cada uno de los que la usamos tiene su propia respuesta. esto no es más que la suma de todas las preguntas, todas las respuestas, y lo que hagamos con ellas.
empecé a usar la remera hará cinco años, cuando me cayó la ficha de que, así las cosas, sin condena judicial no habría nunca condena social. de que la impunidad venía con accesorios. de que la injusticia era doble: la falta de condena no sólo nos pedía resignación; también nos exigía silencio.
cada vez que me la ponía todas las reacciones hablaban, desde la conocida que me abrazó agradecida hasta el amigo que clavó la mirada en mis ojos para evitar leer la frase. hice unas pocas más, para repartir entre amigos y parientes. volaron. hacía más de una década que veníamos escuchando la misma pregunta: "¿nunca se supo quién fue?".
para dejar de repetir la respuesta hacía falta decir algo que cambiara la pregunta.
"fue bernardo" es una forma de DECIR.
bernardo no mató a tita, ni a mary, ni a teresa y eugenie, ni a marta arrieta vera, ni a oscar, ni a mabel, ni a horacio, ni a agustina, ni a roberto, ni al negro, ni a antonio, ni a miguel, ni a daniel. entiéndanme el cuero cuando digo que tampoco será bernardo el autor de los homicidios impunes de este año en tierra del fuego.
"fue bernardo" es una forma de decir: en rigor de verdad, bernardo no fue ni siquiera el único que mató a mi mamá.
¿qué queremos lograr con esto?
más bien, qué vamos logrando.
que los pibes pregunten.
que los recién llegados pregunten.
que los que se encuentran usando la misma prenda se reconozcan.
que nadie tenga la obligación de callarse.
que todos tengamos la responsabilidad de responder.
esto es un escrache. un reclamo de justicia, una movida contra el olvido y el silencio. y antes y sobre todo –justo hoy amanecí para decirlo– una muestra de lo que nos han enseñado nuestros contemporáneos, otros hijos que tampoco se creyeron nunca que el silencio fuera salud.
más en: www.fuebernardo.blogspot.com
6 de mayo de 2010
dia de reyes

Fue un día de Reyes.
Fue un sábado.
Hace 20 años.
Hace un rato.
Ya.
Marta Trabuchi.
mi hija, me cuenta, la googleó a mi vieja.
(quién no, en esta familia. especialmente los pibes, que saben lo poco que saben: el silencio, algunos; el desgarro, otros; el dolor y la ausencia, todos)
me interesa saber, dice, qué opinaban las otras personas. no sabía nada. sabía lo que me habías dicho vos: que la había matado Bernardo. bah, que no la había matado Bernardo, pero que si Bernardo no hubiera estado ahí mi abuela no estaría muerta.
mi hija me cuenta.
mi abuela se fue a dormir y sigue durmiendo, dice. eso sí me alegra saber. que mi abuela se murió de la mejor manera que se podía morir. habla de Cristina, su otra abuela, que se fue a morir este invierno, en su cama.
Mi vieja también se murió en su cama. Hasta ahí la llevaron, ahí la mataron. Su muerte empezó en el living y cuando empezó ni ella ni Bernardo tenían la menor idea de cómo iba a terminar. La vida te da sorpresas, Bernardo.
Tantas veces las mismas palabras.
El asunto es que no hay un asesino.
En Buenos Aires se te espantan (el homicidio es de clases bastante más acomodadas o de pobres: uno, más allá de los muchos privilegios, no califica para ninguna de las dos), en Ushuaia te preguntan ¿estás segura?
Y, sí.
estoy segura de que la mataron.
(pero no era eso lo que te preguntaba)
¿vos decís que aunque no haya un asesino no se puede dudar de que la mataron?
(bueno, es que la mataron)
es que no hay un asesino.
Claro que hay alguien que la mató. Lo que no hay es justicia. Y si uno piensa que la cosa es con los otros y en este país, y si uno piensa que las palabras son valiosas, necesita que se diga. Que se sepa. Que se haga justicia, aunque solo sea con la palabra. Yo quiero poder decir en voz alta, acá y para los demás, los nombres de las personas que mataron a mi vieja.
es insoportable callar algunas cosas.
fue hace veinte años. yo no tenía ni siquiera esa edad y me quedé sola, abrazada por un pueblo ciego y sordo que lamenta pero no condena. y me fui.
y nadie la mató, todavía. como a Tita Cárdenas, como a María Mabel Almada, como a Oscar Vouillez. como a muchos más. nadie pero nadie los mató en Tierra del Fuego. nadie pero nadie los mató hace mucho tiempo. nadie pero nadie los mató.
Ay, mamá, morirte allá, hace veinte años, a manos de nadie.
ay, mamá.
(texto de mi prima, roxana muriel)
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