Querida x:
Fue una noche acontecida. Salimos con Helena y su novio Paulo hacia el bar. Llegamos a un lugar iluminado, chico, de madera, lleno de posters en las paredes: nuestro destino. Pedimos y al rato llega otro amigo. No recuerdo su nombre pero sí el de la hija que estaba por tener: Alice. Era vasco francés.
La charla rápidamente desvió hacia temas políticos, históricos, geográficos ¿Cómo fue el país durante cincuenta años de dictadura? No se ponen de acuerdo, cada uno lo ve a su manera ¿Y el mundo y qué hacer y las casas vacías de Portugal?
Al rato y no sé por qué, Helena estaba hablando del asesino que vive en su casa ¿Es chiste? No, es serio. Vive en casa. Me rio, nadie más se inmuta. Pasa un rato hasta que caigo que me está hablando realmente en serio.
Hay un asesino en la casa de Helena. La presencia es, indiscutiblemente asesina, así ni haya matado a nadie en realidad. Aparentemente es, también, inofensiva. Basta con que Helena se despierte para que el asesino desaparezca de la casa, huyendo de ella.
Juro que en todo lo demás, Helena parece una persona normal. Es la hoja rara y cuando, hace poco, decidió abrir el hostal, su madre tuvo demasiadas preguntas. Hoy en día, la llama y le pregunta por sus huéspedes, como si fueran familia. Sabe de mí y de Yuyu y teme por nuestra condición de viajeras solitarias.
Durante el debate político recuerdo las palabras de mi abuela: el mundo está cambiando.
La cosa dura un largo y hermoso rato y al final el dueño nos hace precio de amigos. Me acompañan hasta la puerta del hostal y Helena me perjura que ahí sí que no hay asesinos.
Subo en silencio y, debo admitir, un poco dispuesta al miedo. El edificio está a oscuras y todos los viajeros duermen en las cuchetas. Me pongo el pijama y me preparo para dormir de lo lindo, tomé vino.
No sé cómo ni en qué momento empecé a sentir el ruido. Entre los ronquidos de la portuguesa y el leve silbido del viento que entra por la ventana, el golpecito aparecía suave. Fue cobrando dureza a medida que me despertaba. Terminó siendo una clara sucesión de golpes contra una puerta, en el medio de la noche de un hostal a oscuras cuya dueña dormía en otro edificio. Todos los huéspedes teníamos la llave. Intenté ignorarlo, pero el golpeteó continuó y me vino, inevitable, el cuento del asesino a la mente. Help meeee, Help meeee, se empezó a escuchar por los pasillos en una voz femenina y suave, temblorosa. La idea de salir de la cama con ese frio escalofriante y un asesino suelto por el hostal no me parecía la mejor, pero terminé haciéndolo. Bajé la escalerita de mi cucheta a tientas, casi muriendo en el intento, y perseguí el sonido por los pasillos. Abrí una puerta y ahí la vi: una noruega que había llegado esa tarde se había quedado encerrada en el baño helado, en patas y musculosa.
Me agradeció y volví corriendo a la cama, antes de escuchar cualquier otra cosa.
Y así, entonces, me despido para ya descansar un poco la imaginación, mañana me espera más viaje.
1 comentario:
Vencer el miedo no simpre nos salva a nosotros mismos del tedio y la dejadez que se escurre por el piso escaleras abajo cuando todo se nos viene al hombro, trabajo estudio familia, vencer el miedo también puede salvar desconocidos en patas y musculosas en el humbral de la vida.
te abraza su siempre querida X
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