You ain't no gangsta
You're a busta, a customer, a sucker
You fake fraudulent motherfucker
You ain't a gangsta
50 cent, You ain´t no Gangsta
Querida :
Despreocupate, porque la noche de los suenios encontré consuelo. Salí a caminar un poço, entre a un super paki (sí, sí, acá lo mismo) a comprar unos cigarrilos com la cara roja de recién haber llorado. Se ve que acá la gente no llora o al menos no acostumbra hacerlo en la calle, los dos se preocuparon mucho por mí. El tipo me abrazaba y me decía: Don´t cry, life is up and down. El abrazo, obviamente, me daba más ganas de llorar y ya no podia contener las lágrimas. Hice un esfuerzo enorme por complacerlos, y me regalaron una caja de cigarrillos bajo la condición de que no mariconeara más. Dí una vuelta, me fumé un par de puchos y efectivamente dejé de mariconear.
Despreocupate, porque la noche de los suenios encontré consuelo. Salí a caminar un poço, entre a un super paki (sí, sí, acá lo mismo) a comprar unos cigarrilos com la cara roja de recién haber llorado. Se ve que acá la gente no llora o al menos no acostumbra hacerlo en la calle, los dos se preocuparon mucho por mí. El tipo me abrazaba y me decía: Don´t cry, life is up and down. El abrazo, obviamente, me daba más ganas de llorar y ya no podia contener las lágrimas. Hice un esfuerzo enorme por complacerlos, y me regalaron una caja de cigarrillos bajo la condición de que no mariconeara más. Dí una vuelta, me fumé un par de puchos y efectivamente dejé de mariconear.
Volvimos a salir com las yanquis. Nuevamente al Barrio Alto, solo que esta vez siguiendo el atajo que ellas conocían. Terminamos comiendo porquerías en un bar chiquito donde cantaba y tocaba la guitarra un negro. El duenio nos sento en una mesa donde estaba cenando una mujer que resulto ser la que cantaba la noche anterior en el bar brasilenio.
Una cosa llevó a la otra y terminamos siendo el alma de la fiesta del bar en pie. Tomamos el micrófono, cantamos, sacamos a bailar a todos, robamos un par de tragos y nos dimos a la fuga. En la calle me cruce com un grupo de brasilenios a los cuales les adule el pais, solo para arrepentirme cuando me acusaron de solo conocer Florianópolis. Está bien, algún brasilenio mala onda tenía que haber.
Una de las yanquis se quedo médio enganchada com el negro que canataba en el bar y que nos había invitado a ir a un club más tarde; para convencernos, había jurado que todo sería gratis. La otra yanqui y yo decidimos hacerle la gamba y nos encaminamos con el grupo de portugueses, incluída la cantante de la mesa. Ibamos vários caminando por las callecitas adoquinadas y repletas de bares, nosotras bastante entonadas y socializando con quien se nos cruzara. El cantante del bar no tardo en dar la nota, dándose vuelta y diciéndonos en inglés: Chicas, ahora vamos a un club bastante fancy, así que comportense. Nos subimos todos en dos táxis y en cinco minutos estabamos ahí. nos encontramos en la puerta: ellos, lookeados a lo Lenny Kravitz, con sus afros y sus rasta, las yanquis, lookeadas a lo yanqui y yo, de jogginetas. Juntamos algo de plata al azar y entramos a este lugar para el cual te daban una tarjeta en la puerta. No hace falta decir que el tan fancy club era un bajón. Las chicas superproducidas com mega tacos, los chicos com los pantalones bajos, mostrando los calzones. Todos bailando hiphop y creyendose raperos del Bronx mientras brillaban por todos lados lámparas berretas de lentejuelas y cortinas pesadas de terciopelo. Nuestro objetivo andaba por ahí, haciendose el lindo con todas, mientras la yanqui se tomaba trago tras trago tras trago. Al rato de estar ahi, salieron dos raperos al escenario y se sucedieron un par de escenas a lo videoclip de Eminem. Atrás mio unos pibitos hacian breakdance. No aguanté más y salí a las puteadas. Me pararon en la puerta para pedirme la tarjeta, me tomo unos minutos encontrarla y eso me puso de peor humor. El paso por la puerta lo dí al murmullo de la reputa madre, esta mierda.Me contestó una risa a mi derecha.
Miré, nada, abajo: ahí. Era uno de los negros de nuestro grupo. Bien: la cagué de nuevo. Me sente en el piso com él y nos pusimos a charlar. Me regalo un pucho armado. La outra yanqui no tardo dos minutos en salir. Y la última cinco. Ya estabamos todos. Mi amigo se ofreció a devolvernos a casa a pata. Caminamos por esa Lisboa nocturna, vacía y fría un buen rato. Mi nuevo amigo era genial: bahiano, rasta y efectivamente amigable. Me conto de su exílio voluntario, del rechazo de los portugueses a los inmigrantes, de Bahia. Yo aproveché a un no europeo para practicar mi portuniol. Era tan bueno que se hacía el que entendía todo lo que le decía. Nos dejó cerca del hostal com un beso y un abrazo y al menos un lindo recuerdo de toda la escena nefasta del club careta.
Las pocas cuadras que nos quedaban hasta la cama, las pasamos puteando al cantante estrella. Armando las piezas del rompecabezas, nos enteramos que: una de las yanquis tuvo que pagarle el viaje en táxi a todos los que iban com ella, y la otra, la que se había tomado médio bar convencida por el cantante de que era grátis, tuvo que pagar fortunas cuando entrego la tarjeta a la salida. Claro: eso era la tarjeta, una espécie de dispositivo enganioso de control de tu consumo.
Un papelón. Pero qué bien rota la noche.
Van besos para la gente de verdad, que me aburrí de las posturas.
1 comentario:
Lindo relato de una noche en Lisboa . Te hago una pregunta, ¿dónde está la gente de verdad? . Acabo de regresar de Buenos Aires y vi en algunos barrios de la Capital Federal, gente que quiere parecerse a la del club que visitaste en Lisboa. No entiendo nada.
Abrazo desde Lima, Perú.
Publicar un comentario